La selección ecuatoriana selló su clasificación para el Mundial de 2026 y confirmó su quinta presencia en una Copa del Mundo, en un proceso que combinó regularidad, fortaleza defensiva y una notable capacidad competitiva, pero que también dejó debates abiertos sobre el manejo del plantel y las decisiones tomadas por el cuerpo técnico encabezado por el entrenador argentino Sebastián Beccacece.

La Tricolor no solo logró el objetivo principal, sino que lo hizo en un contexto adverso: empezó las eliminatorias sudamericanas con una sanción de 3 puntos y, aun así, terminó el proceso en el segundo lugar de la tabla, con 29 puntos, consolidándose como una de las selecciones más sólidas del continente.

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Un arranque condicionado y un equipo que respondió en la cancha

El camino de Ecuador rumbo a 2026 estuvo marcado desde el inicio por la sanción impuesta por el caso Byron Castillo. Ese castigo obligó al equipo a disputar las eliminatorias con un margen de error mínimo (-3 puntos), escenario que terminó fortaleciendo su identidad competitiva.

A lo largo del proceso clasificatorio, el Equipo de Todos disputó 18 partidos, con un balance de:

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  • Ocho victorias
  • Ocho empates
  • Dos derrotas

En términos ofensivos y defensivos, Ecuador cerró el proceso con catorce goles a favor y apenas cinco en contra, cifras que reflejan una estructura defensiva sólida, la mejor del certamen, y una eficacia suficiente para sostener resultados, aunque no exenta de cuestionamientos en ataque.

Clasificatorias con dos entrenadores

El proceso eliminatorio se dividió en dos ciclos claramente diferenciados. El primero estuvo a cargo del español Félix Sánchez Bas, quien dirigió al equipo entre las fechas 1 y 6. Bajo su mando, Ecuador mostró un juego ordenado, compacto y disciplinado, priorizando el equilibrio táctico.

En esa etapa, la Tricolor sumó tres victorias, dos empates y una derrota, alcanzando 11 puntos en cancha, un rendimiento aceptable que permitió sostener al equipo en zona de pelea, pese al arrastre de la sanción. Sin embargo, la falta de generación ofensiva y la dificultad para sostener presión alta comenzaron a generar dudas.

La eliminación de Ecuador en la Copa América 2024 ante Argentina marcó el final del ciclo de Sánchez Bas y abrió la puerta a un nuevo proceso.

Beccacece, continuidad defensiva y polémica en las decisiones

En agosto de 2024, la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF) apostó por el argentino Sebastián Beccacece, quien asumió con el desafío de mantener al equipo en zona de clasificación y cerrar el boleto mundialista.

Bajo su conducción, Ecuador sostuvo la fortaleza defensiva y ganó regularidad en los resultados. En total, Beccacece dirigió doce encuentros, con un balance de cinco victorias, seis empates y una derrota, resultados que permitieron a la Tricolor asegurar la clasificación directa y escalar posiciones hasta cerrar las eliminatorias como segunda de la tabla.

El empate sin goles con Perú en Lima aseguró el boleto al Mundial, mientras que la victoria 1-0 sobre Argentina en la última fecha confirmó un buen cierre de proceso y ratificó el carácter competitivo del equipo.

Clasificación lograda, discusión instalada

Pese al éxito deportivo, el proceso ha sido cuestionado. Las principales críticas se centraron en la falta de variantes ofensivas, la escasa convocatoria de delanteros en buen momento futbolístico y decisiones que generaron amplio debate en la opinión pública.

El caso más emblemático fue el de Darwin Guagua, juvenil de Independiente del Valle, quien debutó con la selección mayor sin haber jugado previamente en la primera división con su club.

La decisión generó sorpresa y abrió un intenso debate, no por el talento del futbolista, sino por el contexto y el momento en los que fue expuesto a la alta competencia.

Analistas y exjugadores coincidieron en que, en una selección con déficit de gol, la prioridad debía estar en ampliar el abanico ofensivo con futbolistas de mayor recorrido, antes que apostar por procesos de proyección en partidos oficiales de eliminatorias.

Desde el entorno del cuerpo técnico se ha expuesto que las convocatorias responden a una visión de largo plazo, enfocada en consolidar una base joven con experiencia internacional temprana.

Sin embargo, ese enfoque no ha logrado cerrar del todo el debate sobre el equilibrio entre desarrollo futuro y necesidades inmediatas.

Un grupo exigente y estadios de primer nivel en el Mundial 2026

Con la clasificación asegurada y el segundo lugar continental como respaldo, Ecuador ya conoce su calendario en la fase de grupos del Mundial 2026, en el que enfrentará a rivales de estilos contrastantes en escenarios emblemáticos de Estados Unidos.

La Tri debutará ante Costa de Marfil en Filadelfia, luego se medirá con Curazao en Kansas City y cerrará la fase de grupos frente a Alemania en el MetLife Stadium, sede de la final del torneo.

Un reto mayor rumbo a 2026

Ecuador llega al Mundial con argumentos sólidos: orden defensivo, fortaleza colectiva y una generación joven con experiencia internacional. Haber terminado segundo en las eliminatorias, pese a empezar con 3 puntos menos, refuerza la dimensión del logro.

El desafío ahora será dar el siguiente paso: mejorar la eficacia ofensiva, profundizar la competencia interna por los puestos y gestionar con equilibrio el crecimiento de los jóvenes talentos, en un escenario donde cada detalle marca la diferencia.

La clasificación ya está escrita. El verdadero examen llegará en 2026, cuando la Tri busque transformar regularidad y solidez en una actuación que marque un nuevo hito en su historia mundialista. (D)