La selección ecuatoriana selló su clasificación para el Mundial de 2026 y confirmó su quinta presencia en una Copa del Mundo, en un proceso que combinó regularidad, fortaleza defensiva y una notable capacidad competitiva, pero que también dejó debates abiertos sobre el manejo del plantel y las decisiones tomadas por el cuerpo técnico encabezado por el entrenador argentino Sebastián Beccacece.