La diferencia entre Brasil y sus rivales en el premundial sudamericano se ensancha jornada a jornada. En medio del galope de la Selecao hacia Catar-2022, la convulsa Copa América, que debe empezar este domingo, martilla la cabeza de Tite: ¿defender el título o probar alternativas para asaltar el hexacampeonato?

Cuando el año pasado se creía que el torneo de selecciones más antiguo del mundo se disputaría en Argentina y Colombia, el técnico de la Canarinha hablaba de aprovechar el torneo para que los más jóvenes adquirieran rodaje con miras al Mundial.

La designación reciente de Brasil como sede cambia a la fuerza los planes del entrenador, aunque la competición está en vilo por dos acciones judiciales que buscan suspenderla alegando riesgos sanitarios en un país donde más de 475.000 personas han muerto por la pandemia.

Como locales, los brasileños no pueden darse el lujo de ver a algún rival, sobre todo Argentina, alzando un trofeo en el Maracaná, donde la final debe disputarse el 10 de julio.

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La Selecao fue campeona las cinco veces que albergó el torneo sudamericano, la última de ellas fue justamente en la última edición, en 2019, sin el lesionado Neymar, figura transversal en el comienzo premundialista.

Un revés en su tierra puede manchar la imagen sólida construida a base de victorias en el clasificatorio sudamericano, que lidera con solvencia con puntaje perfecto de 18 puntos en seis partidos, seis más que su escolta, la Albiceleste de Lionel Messi.

“No tenemos mucho tiempo de estar juntos, de ajustar. Dentro de los mismos partidos intentamos buscar alternativas”, aseguró Tite tras la victoria 2-0 contra Paraguay el martes en Asunción, la primera en tierras paraguayas desde 1985.

Poderío bajo sospecha

El comienzo arrollador de Brasil en la eliminatoria no admite debate, el equipo de Neymar y compañía está varios escalones por encima de los demás y acumula 23 partidos sin perder en el clasificatorio (18 triunfos, cinco empates).

Desde que Tite, de 60 años, asumió en junio de 2016, la Selecao ha disputado 54 partidos, con un saldo de 40 victorias, 10 empates y cuatro derrotas. Tres de las caídas fueron contra rivales regionales en amistosos (dos veces Argentina, otra con Perú) y la restante fue ante Bélgica, en cuartos de final de Rusia-2018.

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De vencer a Chile en septiembre en Santiago, Brasil marcará el mejor comienzo clasificatorio de su historia. Pero para algunos el dominio tiene grietas.

“Vencer a los sudamericanos ha sido una constante, incluso aburrida y sin desafíos. Como saben Tite y sus jugadores, el problema es cuando aparece una Bélgica, una Francia, de Alemania es mejor ni hablar”, escribió Juca Kfouri, referencia del periodismo deportivo brasileño, en O Estado de Sao Paulo.

Tite y el plantel repiten como mantra que su objetivo es ganar el hexacampeonato en Catar. A un año y medio de la Copa del Mundo, la competición americana puede presentarse como un laboratorio para probar variantes y esquemas pensando en los rivales que pueden cruzarse en el Mundial, en caso de sellar la clasificación.

Y también para saldar una deuda pendiente, la del buen fútbol. “Brasil hace todo bien, pero no genera un brillo en el ojo”, escribió el comentarista Paulo Vinicius Coelho en el portal Globo Esporte.

Desenterrar el jogo bonito, desplazado por la tiranía de los resultados, puede ser una labor más sencilla ahora que el tsunami que sacudió al equipo en los últimos días parece superado.

Respaldado por la comisión técnica, el plantel manifestó su oposición “a la organización de la Copa América” y negó un rumorado boicot contra el evento en un mensaje publicado en las redes sociales después del triunfo contra Paraguay.

La sorpresiva designación del gigante latinoamericano como anfitrión, hace semana y media, provocó un choque de los jugadores y Tite, cuya continuidad estuvo cuestionada, con el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), Rogerio Caboclo.

Sin Caboclo, apartado del cargo temporalmente el domingo por una denuncia de una empleada de la CBF de acoso sexual y moral, la Selecao puede trabajar con más calma en una jugada que puede resultar en carambola: ganar su décima Copa América y pulir detalles en la lucha por la sexta corona mundial. (D)