Las últimas cinco Libertadores fueron alzadas por manos brasileñas. Y es muy posible que las próximas cinco también. Y de las últimas catorce, diez fueron para los clubes de la patria de Pelé. Ha sido justicia, fueron los mejores. No obstante, semejante dominio ya pasa a ser monótono, aburrido. Esto deriva en que el resto del continente se desengancha, sobre todo porque nunca tiene chances de ganar, algo fundamental para mantener el atractivo. El sábado último la final tuvo una expectativa inusual porque uno de los contendores era Boca. Y, como dice el aforismo, Boca es Boca, distinto a todo. Boca no tiene indiferentes, es un imán que atrae a todo el continente. Pero cuando el duelo decisivo se da entre dos brasileños, la audiencia tiene un bajón de estrépito, lo ven poquitos. La esencia de un torneo internacional es que se enfrenten rivales de diferentes países. Para eso se crearon. Si toca un choque Flamengo-Palmeiras, pues lo ven los de Flamengo y los de Palmeiras. El resto dice paso. Y, si además del favoritismo abrumador que hoy ostentan, se elige el Maracaná como “campo neutral” para que jueguen Flamengo o Fluminense, poder ganarles entra en el terreno de lo épico.

La edición 2024 tendrá nuevamente ocho participantes brasileños, Fluminense y São Paulo más otros seis que faltan definir. Es muy posible, como mínimo, que uno llegue a la final. O tal vez dos. Si se confirma el estadio de River como sede del cotejo definitorio, sería bastante ridículo: dos brasileños definiendo en el Monumental.

¿Qué hacer entonces con la Libertadores…? No se trata de disminuir el nivel de los clubes brasileños mediante trabas reglamentarias, sino de aumentar las posibilidades de los otros. Un desafío complejo. Tampoco sirve darles más cupos a países que no lo justifican y cuyos clasificados tomarán el premio económico que les dan por participar y luego perderán todos sus partidos, como acontece actualmente.

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Hay un dato escalofriante: desde 2017 hasta la fecha clasificaron a octavos de final 42 representantes de Brasil, 33 de Argentina, 13 de Paraguay, 10 de Ecuador, 4 de Uruguay, 4 de Bolivia, 4 de Colombia, 2 de Chile y 0 de Perú y Venezuela. En siete ediciones, Perú y Venezuela no pasaron nunca de la fase de grupos. Chile solo dos veces, ratificando que el fútbol de Salas y Zamorano, en clubes, es paupérrimo desde hace décadas. Y muy escaso lo de Colombia también. En el imaginario popular se piensa que estos medios están mucho más arriba. En ambos los clubes son sociedades anónimas, un sistema que parecía ser el non plus ultra, aunque la realidad muestra todo lo contrario. Los propietarios, por regla general, se dedican a encontrar algún talento para luego venderlo y hacer caja, no les interesa mayormente lo deportivo. No les va ni les viene que sean campeones los brasileños todos los años, están en otra.

La Conmebol recompensa, a partir de este año, con un millón de dólares al campeón de cada federación como estímulo para que se refuerce de cara a la Libertadores. Luego da 3 millones solo participar en fase de grupos, y 300.000 dólares por partido ganado, que en 2024 pasarían a ser 400.000, sin embargo los clubes prefieren tomar esos ingresos y darles otros destinos, no a reforzar el equipo.

Hemos pulsado la opinión en los foros y estas son algunas de las respuestas del público:

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-”Volver a partidos de ida y vuelta en las finales, para que cada país tenga su fiesta”.

-”Es un chiste que lleguen a cuartos de final cinco equipos de un mismo país sobre ocho, como pasó con los brasileños. Para colmo solo pueden ser de Argentina o Brasil, los demás no tienen tantos cupos”, dice Carlos, de Chile.

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-”Denle dos plazas a cada país y tres a Brasil y Argentina, pero no muchas más, ahí empieza todo el desequilibrio”, se queja Ricardo, peruano.

-”Hay que poner coeficientes, o sea, premiar el mérito deportivo. El que ha andado bien en los últimos cinco años recibe un lugar más”, opina otro.

-”Habría que volver a reglamentar, como antes que, llegados a semifinales equipos de un mismo país, deban enfrentarse entre sí para evitar una final entre connacionales”.

-” Yo eliminaría los penales. Si hay empate al final del suplementario, clasifica el equipo con mejor rendimiento en lo que va del torneo. Así, de entrada hay un equipo que sabe que necesita ganar para seguir”.

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- “Volver a los grupos de país versus país, dos de cada nacionalidad. Por último, agregar uno como el último campeón. Si Argentina y Brasil quieren más que jueguen una liguilla previa entre ellos”.

­-”Enfrentar a dos brasileños es bravo, pero a ocho es más difícil, ¿no…?”.

-”Bajar el número de competidores, 47 es demasiado”.

-”Desde 2017, la primera fase la juegan equipos de seis países, los mismos de siempre, y van a la segunda fase, donde recién debutan argentinos, brasileños, colombianos y chilenos... Eso es por un criterio de audiencia televisiva y no por una cuestión deportiva, que sería lo correcto. Está mal”.

-”Igual, es absurdo que en ligas como la peruana clasifique el club que termina octavo”, reconoce José Luis, peruano. “Ni qué decir de Paraguay, donde más del 50 % de competidores clasifica. En Paraguay entran ocho de doce, cuatro a Libertadores y cuatro a Sudamericana. Y en Brasil es peor, 14 de los 20 que animan el campeonato logran un pasaje internacional, ocho a Libertadores y seis a Sudamericana”.

-”Hoy, para llegar a la final tenés que enfrentar a un solo brasileño, o a ninguno, pero eso sería demasiada suerte”.

El tema es que la fortuna que entra hoy en Conmebol por la venta de derechos de la Libertadores es por los argentinos y los brasileños. Los patrocinadores vip y las grandes cadenas de TV quieren nombres grandes, pagan por ellos. Y esos ingresos permiten el fantástico reparto de dinero para todos. Metropolitanos, de Venezuela, es un club sin tradición ni hinchas ni infraestructura, participó en el grupo B de la Copa de este año, perdió sus seis encuentros, pero igual embolsó 4 millones de dólares. Seguramente sus dueños no quieren que cambie el sistema actual.

Ricardo Vasconcellos Figueroa, editor de Deportes de EL UNIVERSO, es más realista: “No es posible quitar cupos, es una decisión que implica aspectos financieros y no deportivos. Pero ¿qué aval de calidad futbolística tienen los clubes de Brasil para que jueguen tantos equipos de ese país…? El poderío económico es una cuestión cierta a medias, un semiespejismo. Para empezar, habría que volver a las finales de ida y vuelta, cosa de que los países de los clubes clasificados la reciban. Fluminense en Río y Boca en Buenos Aires. No hay por qué copiar a Europa en este caso si durante más de medio siglo se jugaron ida y vuelta y era lindo”.

Los uruguayos Nacional y Peñarol llevan 35 años sin coronar, tampoco les da para llegar a semifinales, los colombianos que supieron ser diez veces finalistas quedaron razagados. Salvo alguna epopeya inesperada, va a ser difícil que volvamos a ver finalistas como Once Caldas, Lanús, Nacional de Asunción, Independiente del Valle. Hoy, la Libertadores está circunscrita a los clubes brasileños más Boca y River. Y si no hay algún cambio sustancial en el fútbol y en las economías de Sudamérica, seguirá así. También debe mutar la mentalidad de los clubes: no llegar a la Copa para cobrar los 3 o 4 millones y quedar eliminados enseguida. Hay un círculo virtuoso en el fútbol: es ganar títulos para recaudar más dinero y con este contratar más figuras para ganar nuevos títulos. ¿Cuántos lo cumplen…? (D)