Casi no hubo tiempo de festejar. Veinte minutos después de concretado el triunfo de la Albiceleste sobre Brasil en Maracaná, con las sonrisas aún ejerciendo en los rostros argentinos, Lionel Scaloni lanzó una bomba: está pensando irse. Textualmente: “Necesito pensar mucho qué voy a hacer. No es un adiós ni mucha cosa, pero necesito pensar, porque la vara está muy alta y está complicado seguir y seguir ganando, y estos chicos lo ponen difícil. Toca pensar este tiempo, se lo diré al presidente, a los jugadores después porque esta selección necesita un entrenador que tenga todas las energías posibles y que esté bien”.

Muy atendible, pero esto es algo que se dice al final de un torneo, no al comienzo y cuando recién se ha renovado contrato por cuatro años. No cierra. El rumor que inundó los pasillos cuenta que el presidente de la AFA, Claudio Tapia, afín al Gobierno, le habría pedido a Scaloni un apoyo público al candidato oficialista Sergio Massa, incluso una foto con este, a lo que Scaloni no solo se negó, sino que quedó muy disgustado con Tapia. Es el mismo argumento que expuso Bielsa ante Julio Grondona para renunciar a su cargo de seleccionador nacional. Bielsa dijo que no tenía energías para seguir. En realidad ya no toleraba a Grondona.

Scaloni es una iluminación, un hallazgo, una piedra preciosa del tamaño de una número cinco encontrado entre las ruinas de un caserón. No hay otro Scaloni y Tapia lo sabe, por eso intentará de todas las formas posibles convencerlo de que siga. Es su descubrimiento, su acierto estelar, su credencial de presentación. No se sabe si lo conseguirá. Pero, de confirmarse la salida del DT que mejor hizo jugar a Argentina en toda su historia, se cortaría abruptamente una era inolvidable, en la que ganó todo con un fútbol brillante. Y Tapia, políticamente, pasaría a ser un papel en el viento. Fue la noticia saliente de la sexta fecha de la eliminatoria.

Publicidad

Unanimidad. La que concita el catalán Félix Sánchez: a nadie le gusta cómo hace jugar a Ecuador. Twitter es un clamor en ese sentido. “Ecuador no juega a nada”, “Todos sus partidos son aburridos”, “Nos salvan las individualidades”, “No hay planteamiento táctico”, “Sin rumbo”, “Pareciera que los jugadores se conocieran desde ayer”, “No hay estrategia ni idea de juego, elige mal los jugadores, en cualquier momento todo caerá por su peso, estos resultados son mentirosos”. “No se aprovecha la camada notable de futbolistas que tenemos”. Y eso que Ecuador había ganado y suma 8 puntos (en cancha ganó 11, aunque 3 le fueron descontados como penalidad por el chanchullo de Byron Castillo). Esto refleja que aquello de “prefiero jugar mal y ganar” no es tan literal. Al hincha también le importa el cómo. Hoy, apenas con saber el resultado de Ecuador, alcanza. No es indispensable ver el partido, no agrega nada.

Ninguneo. La victoria mínima llegó por un tanto de Ángel Mena, jugador que siempre rindió en Selección y que fue ignorado por Gustavo Alfaro en el Mundial de Qatar al no darle ni un minuto en campo. Es el eterno problema de Alfaro: sabe de dónde sopla el viento. Era federacionista.

Histórica. La nueva victoria de Argentina sobre Brasil en Maracaná. Se recuperó de la fea caída ante Uruguay en la Bombonera y volvió a imponer el carácter. El que se vio en el notable gol de Otamendi. Cercano a los 36 años, el central saltó a buscar un centro directo de córner, que es más difícil que con pelota en movimiento, les sacó mínimo 60 centímetros a Gabriel Magalhaes y André y metió un cabezazo passarelliano, un misil que se metió en un ángulo alto, muy lejos de la posición del arquero Alisson. “En ninguna jugada se demuestra más el temperamento que en el cabezazo”, decía Antonio Rattin, el viejo caudillo boquense. Tan cierto. Luego, Argentina defendió con orden y fervor. Brasil no lo molestó. Argentina pasó al frente en el historial: 40 victorias a 39.

Publicidad

Récords. El 0-1 representa para Brasil su tercera derrota consecutiva en eliminatorias, lo que nunca había acontecido. Y es también su primera caída como local en esta competición desde 1954. Ya no sorprende. No hay un solo crack en una selección que antes estaba repleta de genios. La alineación que presentó Fernando Diniz incluyó un ejército de jugadores comunes, que no hacen diferencia: los laterales Emerson y Carlos Augusto (muy pobres), los medios André, Bruno Guimaraes, Nino, Raphael Veiga, Douglas Luiz, Joelinton, y alguno con cartel, pero de escaso rendimiento, como Raphinha. Que jugados seis partidos de una clasificatoria Venezuela marche cuarto y Brasil sexto parece de una película posmoderna, pero es la realidad actual. Y muestra cómo se han movido las placas tectónicas del fútbol.

Revelación. Pocos tenían a Néstor Lorenzo como entrenador. Tuvo una corta experiencia en el FC Melgar de Perú. Allí fue a buscar Colombia al hombre que cambió completamente la cara y el humor de Colombia. Era un zaguero luchador, de fuerza, Lorenzo. Como técnico es la contrafigura: gusta del fútbol bien jugado, a ras, al toque, con mentalidad ofensiva. Optimizó a todos los jugadores, recuperó a James Rodríguez, está haciendo una renovación moderada, porque tampoco tiene diez talentos jóvenes que estén golpeando la puerta. Las claves de esta Colombia tercera con 12 puntos sobre 18: a) juega bien adelantado, en campo rival, b) tiene mucha posesión y circulación de pelota para desgastar al adversario, c) hace presión alta, a pocos metros del área contraria, d) llega al gol por elaboración, por funcionamiento colectivo y no por arrestos individuales. Sigue sin tener un goleador, Colombia, pero lo reemplaza con armonía de conjunto. Alguno llega y la mete. Conste que Lorenzo no cuenta con una generación dorada, sí con buenos jugadores magníficamente aprovechados.

Publicidad

Principio. El primer cambio fundamental de Lorenzo fue el del volante central: sacó a Wilmar Barrios, un tapón, recuperador con gran intuición de marca y lo reemplazó por Kevin Castaño, que es la salida limpia del equipo, excelente distribuidor con pase al pie. Y para adelante. El equipo floreció. Hasta Jefferson Lerma, que era un tanque de guerra, se anima a jugar al lado de Kevin.

Inquietante. Analizamos eliminatorias desde 1973. Nunca habíamos visto a un Paraguay tan blandito, tan amable, tan manso con su contrincante, sobre todo jugando en su Defensores del Chaco. Le están faltando Julio Enciso y Micky Almirón, dos piezas claves en ofensiva, sin embargo hizo un partido lamentable ante Colombia. ¿Dónde están aquellos aguerridos guaraníes…? Lleva un gol en seis salidas al campo. Candidatazo a ocupar uno de los tres puestos del infierno, del octavo al décimo.

Matador. Darwin Núñez la tenía brava, debía pelear un lugar en el ataque de Uruguay con Luis Suárez y Edinson Cavani. Los desbancó a los dos. Está en un momento estelar, en el Liverpool y en Uruguay. Es el artillero de la eliminatoria con cinco anotaciones. Y se le van algunas, le falta aprovechar mejor las ocasiones que se le presentan, pero esa es una de las facetas que los delanteros van afilando con el tiempo. A definir se aprende. El estilo Bielsa, de puro ataque, lo favorece. El hincha, de Cavani ya ni habla, de Suárez todavía un poco, aunque más por agradecimiento que por necesitarlo.