Tras terminar este año las eliminatorias al Mundial 2026 para la Selección, hay en el ambiente futbolístico un sabor agridulce. Quienes defienden como aceptable el desempeño se amparan en los resultados. Pero otros pensamos que, si bien es cierto que la tabla de posiciones es prioritaria para obtener la clasificación, tenemos el derecho de exigir que la Tricolor juegue bien y así conseguir los resultados.

Esta última postura se basa en el convencimiento de que estamos frente a una generación de futbolistas de buen nivel técnico. Pero como hasta el momento no se juega bien, se abrió la controversia entre el razonamiento del adiestrador Félix Sánchez Bas, hoy avalado por la dirigencia, contra el criterio de la prensa, respaldado por los aficionados.

La relación entre el periodismo y los entrenadores de fútbol tiene una larga historia de cordialidad, pero también de hostilidad. La razón fundamental de estas diferencias tan marcadas radica en el enfrentamiento de los conceptos sobre la calidad que tiene un técnico, sus conocimientos, la forma de diseñar y construir un equipo contra la opinión de la prensa especializada, que desde el balcón de la crítica abre el estadio del análisis y, con base en la teoría y su discernimiento, hace un desglose para elaborar las razones del resultado deportivo.

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En este escenario tan amplio también entre estos dos actores es factible que los intereses de cada cual se distorsionen por el choque de conveniencias. El debate se vuelve candente cuando se defienden a rajatabla las ideas. Un vivo ejemplo de las contradicciones entre lo que dice la prensa y el pensamiento de los técnicos criticados lo demostró Jorge Valdano, DT del Real Madrid en la temporada 1995-1996, cuando le cuestionaban el rendimiento de su equipo. Él respondió: “No sé lo que dice la calle, pero me da igual. Yo, con el carnicero hablo de carne, con el taxista de taxis, del fútbol hablo yo. Yo sé (de fútbol) más que todos los carniceros juntos, que todos los taxistas y seguramente que todos los periodistas juntos”.

Un entrenador argentino vinculado con nuestro fútbol, Gustavo Quinteros, cuando ya no recibía elogios y aplausos por su trabajo en la selección ecuatoriana en las eliminatorias al Mundial de Rusia 2018, respondió a un reproche con su acostumbrado discurso arrabalero: “No les hago caso a algunos idiotas, porque en este país cualquiera dice una estupidez”. Y en otro estilo, Gustavo Alfaro, cuando los resultado eran negativos, repetía que había que soportar las críticas, porque quienes las hacen no entienden lo complicado que es el fútbol; que solo ellos sabían cómo entenderlo y nadie más. Gustavo Alfaro, cazador de utopías imposibles, con su buen verbo convenció a muchos. Por supuesto, a mí no.

Mientras, Félix Sánchez Bas, cuando comparece en la rueda de prensa como después del triunfo sobre Chile, el jueves pasado, fue cuestionado así: “Conoce usted que hay un sinsabor en el ambiente. Pese a ganar, el hincha está inconforme. ¿Cuándo vamos a ver su identidad de juego o su sello futbolístico, como prometió a su arribo?”. El español, sin mayores poses, tal vez consciente de que esa pregunta se la tenían que hacer, contestó inmediatamente: “Todo es cuestión de gustos”, y que seguirá trabajando para lograrlo.

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Agregó que respeta los reclamos del público, pero que él se respalda en los resultados en la tabla de posiciones y que ha ganado 11 puntos de 18 posibles y que si le rebajaron tres puntos no es por su culpa. Aunque es una contestación sincera, creo que no satisface, porque si es por tiempo y partidos, ya son diez que dirige Sánchez Bas a la Selección y en ninguno de ellos ha convencido el rendimiento. Si él cree que Ecuador ha respondido a su idea de trabajo y al objetivo, no podremos estar de acuerdo.

Se abre ahí el análisis sobre un eterno debate en el fútbol: ¿jugar bien o ganar sin hacerlo? Estas dos corrientes han provocado opiniones divididas. Johan Cruyff decía que “jugar bien sin ganar no tiene sentido; pero ganar sin filosofía y sin estilo, tampoco”.

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Y claro, el criterio que sostienen los resultadistas es que el medio, en este caso jugar bien, no es lo más importante, pero en cambio sí lo es el fin: ganar. Así piensan quienes no están dispuestos a poner como prioridad la forma, con tal de conseguir el resultado, y en esa vía transita Sánchez Bas, que saca pecho por los puntos conseguidos en la eliminatoria. Creo sinceramente que el español que dirige a la Selección, con un amplio equipo de asesores e instructores, no tiene claro que ya no está en Qatar, donde si obtenía resultados lo elogiaban y, si no, no había cuestionamientos como los que hoy soporta en Ecuador.

Indiscutiblemente aquí existe una afición más cultivada en gustos futbolísticos, a diferencia del mundo árabe, donde la prensa depende del criterio y la opinión que surge desde un orden jerárquico institucional, algo que la prensa ecuatoriana nunca va a aceptar. Ahí está el gran detalle que debería conocer Sánchez Bas.

El colombiano Francisco Maturana, respetado conocedor del fútbol dentro y fuera de la cancha, sobre este tema que hoy tratamos tiene el siguiente criterio: “En el fútbol no se puede encontrar una verdad absoluta, porque siempre hay algo que gusta y algo que no gusta. Hoy el fútbol es prisionero de los resultados. Se dice que tal equipo juega bien porque gana. Pero hay otros que entendemos la importancia de las maneras; las formas enamoran. Hay principios y subprincipios. El resultado no es todo. Los equipos recordados son los que compaginan la forma con el resultado. Vivimos una época en la que ganar es todo. Se puede respetar eso, pero no compartirlo”.

Los DT que se precian de tales deben privilegiar el estilo, guardando un equilibrio: defender, generar y atacar con eficacia. El resultado debería ser la consecuencia de jugar bien, pero creo que Sánchez Bas es y seguirá siendo un resultadista. Aunque de hecho debe de gustarle jugar bien, por ahora prefiere privilegiar el objetivo para el que lo contrataron: clasificar al Mundial 2026. Por eso, enfatizó: “Sabemos lo que queremos y cómo queremos conseguirlo” .

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La sensibilidad que produce el fútbol es única. Por eso, existirán los que prefieren jugar mal, pero ganar; y también los que preferimos que con la estética se gane o se pierda, y que siempre se obedezca al sentimiento tribunero.

Pero, atención, hoy Sánchez Bas puede estar confiado porque consigue resultados, así a la gente no le guste cómo juegue la Selección. ¿Qué pasará en el supuesto no consentido de que la Tricolor siga caminando por la cornisa y lleguen las derrotas? ¿Podrá seguir argumentando su manera de trabajar? ¡Resistirá el incremento de la crítica? Esperemos que, por el bien de nuestro fútbol, el DT de la Tri reaccione y reconsidere que tenemos un potencial deportivo para combinar jugar bien con ganar.

Hoy, Félix Sánchez Bas goza de argumentos estadísticos, pero que tenga presente que la mejor ecuación en el fútbol es la del técnico que, teniendo las herramientas, las utiliza para ofrecer un buen fútbol colectivo. Así siempre estará más cerca del triunfo y el reconocimiento duradero. (O)