Javier Burrai llegó a Ecuador a mediados de 2018 para formar parte del tradicional equipo ambateño Macará. Muy pocos conocían los antecedentes del golero. Quizás el más importante, el haber realizado una aceptable temporada cuidando la portería de Gimnasia y Esgrima de Jujuy en 2017. No obstante, hay que anotar que en 2013 el club en que desarrolló sus primeros pasos fue el Arsenal de Sarandí, que lo cedió a préstamo al Locarno de Suiza, donde se mantuvo hasta fines de ese año. Regresó a su país y el Sarmiento de Junín se fijó en él y lo llevó como refuerzo en 2016 para que participe en la primera división de Argentina.

Hay que reconocer que la actual directiva de Barcelona tuvo el acierto de fijarse en Burrai y contratarlo. Iba nada menos que a ocupar el puesto de quien había sido dueño absoluto del arco, Máximo Banguera. No era una tarea fácil. Con el pasar de los años podemos decir que esa misión la está cumpliendo a cabalidad. No solo ha confirmado el argentino que tiene la estatura para tapar en un equipo grande, que de por sí obliga a tener temple, personalidad y, sobre todo, condiciones técnicas para ser hoy titular indiscutible en el Ídolo del Astillero.

Su presencia en Barcelona solo fue interrumpida cuando, en una acción temeraria en un partido por la Libertadores con el paraguayo Cerro Porteño el 26 de febrero de 2020, una patada alevosa de un rival le impactó en la nariz y le produjo una fractura que lo alejó de las canchas por más de 45 días. Cuentan cercanos colaboradores que por su afán de regresar a tapar el argentino iba muchas veces contra las recomendaciones de los galenos. También el fallecimiento de su señor padre interrumpió unos días su actuación. Su retorno a las canchas fue favorecedor al punto de que se convirtió en el pilar del funcionamiento defensivo de su equipo.

Del arco hacia adelante

Recordamos a uno de los grandes dirigentes de Barcelona, el Ec. Galo Roggiero, que se distinguió por sus frases que siempre dejaban razones para la reflexión. Para muchos, conformó el mejor plantel canario de todas las épocas, el de los años 1970 y 1971, y es fácil comprobarlo. Mencionemos algunos de sus integrantes: Alayón, Peláez, Lecaro, Saldivia, Macías, Coronel, Bolaños, Muñoz, Perico León, Spencer, Jet Álvarez, entre otros. Roggiero tenía la tesis de que era fundamental armar un equipo desde atrás, esto es, que sin un buen arquero no podías soñar en cosas grandes. Para quienes no lo saben o no lo recuerdan, Roggiero fue criticado por un sector de la prensa porque no se explicaba que si el tope de extranjeros era de cuatro él decidió usar la mitad de esos cupos en arqueros, incorporando a Luis Alberto Tapa-penal Alayón y Jorge Phoyú. El tiempo le dio la razón. Los dos, en su momento, se convirtieron en arqueros históricos del Ídolo.

Publicidad

$ 900.000, la ganancia de Barcelona por jugar las dos primeras fases de la Libertadores

Burrai registró una magistral actuación en la final del campeonato del 2020, sobre todo la de la noche del 29 de diciembre, cuando fue la tanda de penales del partido de vuelta la que decidió quién sería el campeón, enfrentando a Liga de Quito en el estadio Rodrigo Paz Delgado. Esa noche, Barcelona consiguió que su estrella 16 brillara en lo más alto y el arquero argentino se vistió de héroe al atajar dos penales. Fue cuando se convirtió en la versión contemporánea de los reconocidos tapa penales de la historia del club amarillo.

‘Jugadores quedan debiendo y Cortez no puso el ciento por ciento como reemplazante de Díaz’

Cómo olvidarnos de Carlos Luis Morales, reconocido como uno de los mejores arqueros ecuatorianos de todos los tiempos, y de aquella noche brillante en el estadio de River Plate de Argentina cuando, jugando el primer partido de las semifinales de Libertadores, en el minuto 87, le tapó el penal a José Serrizuela. Aunque Barcelona perdió 1-0, esa atajada llenó de esperanza para el juego de vuelta, en el Monumental. Ahí, Morales, en la tanda de penales que definiría la clasificación a la final de la Copa, le volvió a detener un penal a Serrizuela, convirtiéndose en el jugador más valioso de esa serie. O cómo olvidarnos de la magnífica presentación de José Francisco Cevallos en 1998, en Paraguay, cuando también en semifinales, que también se definió por penales en el Defensores del Chaco, atajó tres penales, lo que significó la clasificación a la segunda final copera de los toreros.

¿Qué define al mejor?

Sobre el tema de qué se requiere para convertirse en un gran atajador de penales, los criterios y opiniones han cambiado con el paso de los años. En los 80, en Italia se exhibía el seleccionado Dino Zoff, un arquero de estatura media atípica para los goleros europeos. Llegó a ser campeón del mundo en 1982 a la edad de 40 años. Entre sus cualidades estaba la de ser un experto atajador de penales. En alguna ocasión, consultado sobre esa cualidad, contestó con tres requisitos: reflejos, intuición… y suerte. Si hoy se consulta lo mismo, seguramente la contestación es diversa: el análisis, el software, los archivos digitales, los porcentajes, las características del lanzador… En la última Copa de África se pudo observar que en el momento de las definiciones el arquero llevaba la polla adherida como etiquetas en la botella de plástico. El gran arquero español Iker Casillas insistía en que parte del éxito para atajar un penal era observar detenidamente como es ejecutado, la inclinación del cuerpo del pateador; la mirada al arco del delantero también lo puede delatar; fijarse en el giro de la planta del pie del rival, porque casi siempre va la pelota en esa dirección.

En tiempos del VAR

Las dificultades de atajar un penal cada vez son mayores, porque la actual exigencia y la rigurosidad con que se obliga a mantener un pie sobre la línea de gol en el instante que el ejecutante va a golpear el balón ha limitado seriamente al golero. Hace pocos meses el experimentado arquero uruguayo Fernando Muslera reconocía que esta regla le quita al portero la fuerza de despegue que debe tener, porque la obligación de cumplir con esa regla, en fracciones de segundos para decidir qué pie debe quedarse fijo, vuelve compleja la actuación del portero.

Publicidad

Además, hay que agregar el ojo del VAR, que está milimétricamente analizando al portero. La realidad es que esta tecnología implementada por la FIFA ha dado prioridad al grito solemne y estrepitoso del gol respecto del esfuerzo de quien intenta frustrarlo.

El martes, Burrai se volvió a convertir en un gran custodio de la portería de Barcelona. Sus atajadas diluyeron las claras opciones del Montevideo City Torque que les pusieron la piel de gallina a los aficionados. El arquero argentino selló su brillante actuación en la tanda de penales, que se tornó interminable debido a los aciertos de los ejecutores (finalizó 8-7, con el lanzamiento final de Leonai Souza). Ese grito que bajaba del cemento del Monumental, “Burrai, Burrai”, no solo le llegó al alma al golero para demostrar que ya los penaltis no son una lotería; atajar un penal es una especialización que requiere expertos para hacerse realidad.

Barcelona disfruta de una naciente clasificación en esta edición de la Copa y mucho le debe a Burrai. (O)