Cabalga cual Cid Campeador y, como cuenta la leyenda, aparece como todo un héroe humano, con un discurso que escuchamos todos quienes estábamos embebidos de orgullo la tarde y noche que asistimos masivamente al estadio el martes y también los que seguían por otros medios las incidencias finales del proceso eliminatorio. Fue como si todo hubiese sido preparado: el gol dramático de Enner, la vuelta olímpica, la celebración y el discurso con tonos y gestos seguramente ensayados ante un espejo. La intervención de Gustavo Alfaro fue oportuna, porque nadie más que él sabía que era el momento de que se produjera la resurrección de frases épicas, tratando de explicarnos: “Los jugadores fueron cazadores de utopías imposibles, porque nadie creía en Ecuador, y hoy está de pie y le dice presente al mundo”.

Debo confesar que cuando ya los nuevos números lo daban por clasificado, Alfaro se dedicó a ser más fluido en sus declaraciones. Por ejemplo, cuando reconoció el esfuerzo de Célico y la colaboración que de él recibió tras arribar recién al país, cuando desconocía el estado de nuestro fútbol, encima con el inconveniente de no haber encontrado la famosa biblia de Antonio Cordón. En su recorrido, Alfaro tuvo que sobrellevar fuertes críticas y solo cuando se dio cuenta de que los números lo clasificaban recién ahí reconoció que tuvo muchos errores, pero más aciertos, además de manifestar que hasta para él era impensable clasificar directo al Mundial. Por aquello pienso que también las críticas le fueron útiles para conseguir el objetivo. Si las tomó en cuenta o no, a estas alturas ya no importa, porque Ecuador se clasificó acumulando en la cancha más puntos que los que se quedaron sin Mundial. Y, ojo, se apearon en el camino selecciones de rancio abolengo, que hoy miran a nuestra Selección con respeto y digna de imitar.

Cuando Alfaro arribó a nuestro país, habló sobre que había encontrado la piedra filosofal del fútbol. Ilustrándose de personajes como Bilardo, Menotti, Sabella y también de Basile, se declaró ladrón profesional de sus ideas. Aprendió mucho al haber leído a Sábato. La verdad es que todo lo que dijo nos hacía entender que llegaba a manejar a la Selección un hombre culto, aunque en lo futbolístico muchos periodistas argentinos repetían fervorosamente que en Boca Juniors había sido un fiasco, porque su estilo defensivo no calzaba en un equipo con tanta historia.

Cuando consultamos con amigos periodistas colombianos, supieron contestar que se quedaron encantados con lo que pregonaba Alfaro como comentarista, analizando los partidos de la selección cafetera en 2006 para Caracol Televisión.

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La contratación de Alfaro era una incertidumbre más por todos los antecedentes. Recordemos que la FEF titubeó varias veces al anunciar al nuevo técnico. No debemos olvidar que Jürgen Klinsmann era casi un hecho, pero no fue, y luego Jordi Cruyff, quien vino, cobró y le dijo adiós a la Federación, dejándole un pasivo considerable y un importante tiempo perdido. Con estos antecedentes, Alfaro era un hombre improvisado, de última hora, para nuestra Selección; su vinculación fue a pocos días de arrancar el proceso eliminatorio.

La incertidumbre se percibía en el ambiente, por sus antecedentes, por sus pensamientos y porque varios insistían en la falta de experiencia de Alfaro en manejo de selecciones. En ese mar de criterios, fue importante leer al periodista argentino Jorge Barraza, quien manifestó sobre el DT: “Considerando que la eliminatoria comienza ‘mañana’, es muy buena elección, quizás excelente, aunque también se deja una salvedad necesaria. Desde luego es una conclusión previa, pero las previas suelen ser papeles al viento”.

La clasificación al Mundial de Qatar 2022 confirmó que fue una buena elección y si hay que reconocerlo, hay que hacerlo. Francisco Egas, Michell Deller, Carlos Manzur y otros directivos apostaron y apoyaron a Alfaro hasta en los días de las vacas flacas. Y vaya que fueron muchos, como en la Copa América Brasil 2021. Su fracaso se diluyó, porque la permanente ubicación en zona de clasificación en las eliminatorias permitió que la crisis haya sido controlada por compensación.

Con Ecuador clasificado, las frases grandilocuentes que en el fútbol abundan tienen razón de ser. Si estás en el Mundial, adonde asisten solo 32 selecciones del mundo, y si para ello has tenido que jugar 18 partidos, seguramente no es obra del azar. En las estadísticas, Brasil, Argentina, Uruguay y Ecuador están en la cita magna directamente, porque las matemáticas no fallan. Para lograr el boleto, la selección de Alfaro consiguió cinco victorias de local (Bolivia, Colombia, Uruguay, Paraguay y Venezuela), tres empates (Brasil, Chile y Argentina) y una derrota (Perú): 18 de 27 puntos, 66,7 % de efectividad. Y como visitante obtuvo dos victorias (Bolivia y Chile), dos empates (Colombia y Perú) y cinco derrotas (Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay y Venezuela): 8 de 27 puntos, 29.6 % de efectividad.

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Por sus obras lo conocerás. Y debo decir que el santafesino pasa la prueba. Además, ha forjado una selección repleta de jóvenes, como para pensar que tendremos, si se manejan bien las cosas, equipo competitivo por más de diez años. Pero al César lo que es del César. Jorge Célico dejó esa falsa modestia y expresó: “Seguro, algo tengo que ver en todo esto. Claro, no soy el responsable directo de la clasificación, pero he sido un eslabón en una cadena de un montón de gente que generó el éxito”.

Lo importante es que Alfaro tuvo para muchos la valentía. Para mí, en cambio, la osadía de confiar en jugadores sin experiencia ni recorrido en la Selección de mayores, sin tal intrepidez. Probablemente hoy estaríamos lamentando tal desacierto, como lo sufre Chile, que siguió confiando en Bravo, Islas, Sánchez, Vidal, Vargas, Medel, entre otros, jugadores que para la selección chilena fueron vitales para conseguir dos veces la Copa América, pero que hoy debieron por propia iniciativa dar un paso al costado. Seguramente le dirán un adiós comprometido y respetado. Su paso por la Roja seguramente postergó a varias figuras jóvenes, que recién tendrán oportunidad.

Algo similar sufría el todopoderoso Brasil, que después del fracaso en el Mundial 2014 contrató a Tite. Sin miramientos a esos nombres que eran decorativos en la selección brasileña, también tuvo la entereza de convocar a jóvenes que existían, pero que estaban postergados. Hoy son los número uno del escalafón FIFA y grandes favoritos de la Copa.

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Hoy Alfaro conoce bien que los papeles se voltearon y que el viento está a su favor y estará a disposición de la FEF para su renovación. Por el momento, el seleccionador ha ofrecido hacer el mejor Mundial de la historia del país, ojalá lo consiga. Me imagino sabe que en Alemania 2006 se superó la fase de grupos y Ecuador jugó los octavos de final, perdiendo por 1-0 con Inglaterra.

Me quedé reflexionando la noche que tomó el micrófono y dirigiéndose a sus pupilos les dijo: “El desafío era una pared negra, en la que tenían que colgar el cuadro de la historia”. Con todo respeto, señor Alfaro, esa pared a la que usted se refiere, negra no es, porque, aunque no brilla como la de la AFA, la nuestra sí tiene un resplandor que nos enorgullece. En la misma pared, hoy estará usted con sus dirigidos y con todo mérito, por supuesto, porque ya son historia en nuestro fútbol. (O)