Estos últimos tiempos han sido tristes y dolorosos para el deporte nacional por la partida de algunas destacadas figuras. En columnas anteriores mencionamos los decesos, entre otros, de Len Bohrer, Carlos Sorroza, Ricardo Chico Rodríguez. También Marcos Avilés, quien murió en enero pasado, y su hermano Félix Avilés hace una semana, quienes hicieron batería en el recordado Reed Club junto con notables lanzadores criollos como Héctor Ballesteros y Panchito Santelli.

Igual que la mayoría de los niños y jóvenes del barrio del Astillero practicaron los deportes, Félix Avilés dio sus primeros batazos –al igual que Manuel León, Walter Paladines, Raúl Foyaín-, en las calles Brasil y Chimborazo, a pocos metros del cuartel de Carabineros donde está ahora la Comisión de Tránsito. Desde ahí fueron testigos de la asonada del 28 de mayo de 1944.

A los 12 años Avilés integró el equipo Londres, luego pasó a Piratas y pronto fue ascendido al Reed Club, donde debutó en la temporada de 1951 en la categoría máxima. Con la famosa Máquina Gris ganó ocho títulos; también con Emelec en 1962, Nueve de Octubre en 1963 y Barcelona en 1966; también defendió los colores de la Liga Deportiva Estudiantil (LDE). Su posición habitual fue lanzador, función para la cual contaba con mucho control y buena curva. Con el paso del tiempo pasó a jugar campo corto y el tercer cojín. En 1958 logró su mejor producción ofensiva con promedio de .281 y despachó un jonrón.

Fue parte de la selección del Ecuador para la primera participación internacional, en el Sudamericano jugado en 1959 en Santiago de Chile, en el estadio Francés. En ese torneo fue elegido el mejor tercera base del campeonato, en el que también fueron distinguidos Vicente Maldonado como mejor primera base; Eloy Guerrero, mejor campo corto; y José Banchón, mejor segunda base.

Conformó el combinado nacional que asistió al sudamericano jugado en el estadio Daon, en Buenos Aires en 1963, en el que el Ecuador conquistó el torneo de manera invicta y con marcadores amplios. En marzo de 1964 asistió al torneo Pentagonal, que se desarrolló en el estadio Nacional de Lima, ganado de manera invicta al superar a las selecciones del Perú, Callao, Panamá y Costa Rica. También estuvo en la Tricolor que volvió a coronarse campeón al superar a Brasil 4-3 en una final muy dramática y emotiva en el Yeyo Úraga.

Félix César Avilés Huacón, bicampeón sudamericano. Foto: ARCHIVO

Félix Avilés fue entrenador de la escuela de béisbol de Filanbanco en la que transmitió sus amplios y profundos conocimientos y buena didáctica para la enseñanza de los fundamentos de la pelota chica. Cuando el proyecto se cerró, por los problemas institucionales conocidos, una parte de los jugadores se unieron a Fatty, en la Liga Miraflores, y ganaron el título de 1998 sin derrotas en la categoría potrillos, con una estupenda campaña de 20 victorias, con varias blanqueadas, algunas muertes súbitas y un sin hits de Alfredo Venegas en la loma. Este pitcher luego jugó profesional con los Marineros y Damián Villanueva recibió una beca de estudio en Estado Unidos. Otros que formaron parte de selecciones nacionales y subieron a la primera división.

Fue parte de un grupo llamado los Zorzales que se reunían las noche de los sábados en el Caupolicán para cantar tangos y milongas. Sus integrantes fueron personajes conocidos como Honorato Haro, recordado técnico de básquet; Hipólito Haro, entrenador de béisbol; Francisco Falquez, pelotero y campeón del Pentagonal y con varios clubes; Omar Lenis, el Gardel guayaco; y Armando Lenis, declamador.

Félix Avilés vuela plácido con su noble alma y vuela en paz con su espíritu porque otras estrellas lo están esperando para echar en el cielo un partido con Marcos Avilés en la receptoría; Vicente Maldonado en la inicial; Walter Paladines en la segunda almohadilla; Tomás Pincho Moreno en la esquina caliente; Manuel León en el campo corto; y seguro que en algún instante Félix les cantará el famoso y picaresco tango Farolero. (O)