Del partido perdido por Ecuador 3-0 con Argentina, en cuartos de final de la Copa América, hay una lectura clara: se respetó mucho al rival. Gustavo Alfaro accionó un sistema defensivo innecesario (en el primer tiempo), convocó a Carlos Gruezo, que tenía 23 días inactivo, lo hizo titular de inmediato y no sirvió para nada; todo lo contrario, reemplazó al volante apenas pudo. Y luego, cuando debía intentar otras cosas, reaccionó con los cambios.

Todo eso representa que el planteamiento tuvo una concepción equivocada. Además, Alfaro insiste en futbolistas que no rinden, como Pervis Estupiñán; alineó a Diego Palacios, que pasó inadvertido; y al final causó una confusión total. Jugó con cinco delanteros, con Ángel Mena de creativo, pero sin nadie que se acercara; y sacó a Alan Franco. Hubo un cúmulo de errores en la idea de cómo jugarle a Argentina. Se perdieron los 45 minutos iniciales, jugados con un respeto reverencial, propio del pensamiento de Alfaro.

Se pasó a cuartos de final sin ganar y porque el sistema daba para aquello, pero la gran preocupación es que llevamos, entre la eliminatoria y Copa América, siete juegos sin victoria. Pese a las derrotas se dice que el rendimiento es bueno, que los jugadores dieron todo, pero para tapar que se trabaja equivocadamente.

Alfaro insiste en llamar a futbolistas que en Europa no juegan. Ha errado en convocatorias, alineaciones y en el sistema. Además, entiende mal la Copa América, que no es para ir a probar jugadores.

Me preocupa la reanudación de la eliminatoria. Alfaro sacará conclusiones, pero es inquietante que se trate de inventar cosas que no existen. Desde la FEF se dice que la prensa presenta un mundo paralelo, donde todo está mal en la Selección. Eso no es verdad. Si lo dice el máximo dirigente, eso también le llega al técnico. Esas frases ya las hemos escuchado antes. ¿Y cuando el periodismo elogiaba al DT cuando se ganaba? La prensa siente más que el técnico las derrotas. El mal de la Selección no está afuera, está adentro: con las malas convocatorias de Alfaro y en el concepto de juego que él tiene. (O)