“Ecuador es mundialista”, titularon el viernes muchos medios de prensa, como si hubiese conseguido su boleto ese día gracias a un fallo judicial. En absoluto, Ecuador es mundialista desde el 24 de marzo, cuando logró su clasificación en la cancha. “La FIFA deja a Chile fuera del Mundial”, señaló La Tercera, de Santiago. Error, los rivales lo dejaron fuera en la Eliminatoria. La FIFA decidió desestimar de plano la denuncia de la federación chilena, que reclamaba entrar al Mundial por inclusión indebida de Byron Castillo en Ecuador. Con Catar 2022 encima, Gianni Infantino y sus amigos no quieren embrollos de último minuto. Y aunque Chile insistirá, primero apelando ante la misma Comisión Disciplinaria de la FIFA y luego ante el TAS, la posibilidad de que tenga éxito en esta última instancia parece remota. Nunca olvidemos que, por muy pomposamente que se declare “independiente”, el TAS no lo es tanto. Es un organismo privado, sí, pero la FIFA es su principal cliente. Porque el TAS cobra por prestar servicios. Y en los temas álgidos o comprometedores, como este, nunca desaira a la matriz del fútbol. Entre bomberos no se pisan la manguera.

“No parecía lógico que una selección, después de arrastrarse en la Eliminatoria, saltara del séptimo al cuarto lugar por una simple acta de nacimiento”, escribió el magnífico periodista chileno Juan Cristóbal Guarello en su columna del diario La Tercera, titulada “Un poco de realismo”. Suscribimos: desde lo futbolístico, era completamente injusto que se dejara afuera al equipo de Gustavo Alfaro y que entrara otro que no hizo mérito alguno para estar en Catar. También es cierto que las reglas deben ser observadas y los principios de elegibilidad estrictamente cumplidos.

Mbappé envalentonó a Sudamérica

Acontece que, buscando cualquier atajo que reparara incapacidades propias, el presidente del fútbol chileno, Pablo Milad, se aferró al salvavidas de esa partida de nacimiento que dice que Castillo es colombiano. Triste recurso, por cierto. “Estamos en el primer tiempo del partido y vamos perdiendo 1-0, pero queda el segundo tiempo”, fueron las declaraciones poco felices del presidente del fútbol chileno.

Haya nacido donde haya nacido, ya Byron Castillo es ecuatoriano a todos los efectos, como ciudadano y futbolista. Vivió desde chico en la provincia del Guayas, su formación y profesionalización futbolística tuvo lugar en Ecuador, ha jugado siempre allí, ningún otro país lo reclama como hijo suyo y la justicia lo determinó ecuatoriano. Son demasiados elementos de peso en favor de su debida inclusión. Además, cuando el registro civil de un país asegura que un futbolista es nacido allí y ese país le entrega un pasaporte legal, a la FIFA se le dificulta contradecirlo.

Publicidad

El fútbol que le gusta a la gente

Dicho esto, el fútbol ecuatoriano debería autoimponerse ser más prolijo. Tiene un largo historial de denuncias sobre irregularidades en la inscripción de jugadores. No se necesitan investigaciones exhaustivas para recordar selecciones juveniles con graves transgresiones. El hincha común recuerda a “Los niños con bigotes”, equipo con integrantes pasados de edad y “Los muertos vivientes”, donde jugaron futbolistas con documentos de personas fallecidas. Ya Alexander Domínguez fue suspendido por dos años en 2008 por la propia Federación Ecuatoriana de Fútbol, pena reducida luego a seis meses, “por suplantación de identidad en el libro del Registro Civil de Tachina, parroquia de Esmeraldas”, según explicó en aquel momento el directivo Alex De la Torre. A Domínguez no lo denunció el periodismo sino un club quiteño. Siempre se dijo que Domínguez es colombiano, algo que comentaron su exentrenador en Liga de Quito, Claudio Borghi, y su compañero Franklin Salas. En 2010, el pastor evangélico Gonzalo Chila denunció al volante Ángel Cheme, de Liga de Quito, quien utilizaba su nombre para jugar; el verdadero Chila tenía cuatro años menos que Cheme, que usurpó su identidad. Hay muchos más casos.

La pesadilla de París

Admitirlos no es “estar en contra de Ecuador” ni ser traidor a la patria. Simplemente, no hay que burlar los reglamentos para evitar situaciones casi dramáticas como este reclamo de Chile, que de haber prosperado hubiese significado un golpe terrible a un fútbol en plena evolución.

Lo que no cabe es la hipocresía, la indignación, escandalizarse. “¡Qué vergüenza…! “¡El daño causado a nuestro fútbol con esta falacia…!” “¡El bochorno de la prensa que replicó esta mentira…!” Si la justicia ecuatoriana debió intervenir hace dos años para dilucidar la nacionalidad de Byron Castillo es porque había serias dudas. Y no en Chile, en Ecuador. El rumor de que Domínguez, Castillo y otros pudieran ser colombianos no nació en Chile ni en los medios de prensa, lo comenta la calle en Guayaquil, en Quito. Más que eso, en la anterior administración de la FEF se abrió un proceso investigativo a Castillo. En diciembre de 2018, los medios informaban que “el futbolista de Barcelona Byron Castillo deberá declarar ante la Comisión de Disciplina de la Ecuafútbol el próximo 8 de enero (de 2019), luego de que la mesa le abrió un expediente por presunta alteración de documentos. Castillo, de 20 años, ha sido implicado en una supuesta adulteración de nacionalidad”. Aún no había asumido el directorio presidido por Francisco Egas.

El Madrid de los milagros

La prensa ecuatoriana, en general, tuvo una actitud moderada y responsable, sólo reflejó el hecho sin emitir opinión. Nunca dijo “Castillo es colombiano”. Se limitó a informar. ¿O pretendían que no se mencionara una palabra de la denuncia chilena…? Sólo una mente afiebrada podría creer que una noticia tan importante -emanada en el exterior- podría ocultarse. ¿Cómo el conjunto de diarios, radios o canales de televisión podrían complotarse para ignorar el suceso…? Además, qué se ganaría con ello. La FIFA dictaminó de acuerdo a los elementos que posee, no guíado por los dichos del periodismo. Lo penoso es que haya colegas que se sumen a esta persecución.

Publicidad

Felizmente, quien obtuvo su derecho en el campo acudirá al Mundial. Sin embargo, en la hora de la satisfacción no se puede hacer una caza de brujas ni culpar de la denuncia chilena al periodismo. Chile no presentó notas de prensa en la FIFA, esgrimió un acta de nacimiento.

Que quede claro: el periodismo no falsifica documentos. (O)