En este mar de conflictos en que está inmersa la sociedad ecuatoriana, provocados por una distorsionada escala de valores, como se comprueba con una Asamblea Nacional con muy baja aceptación (en algunos casos, integrada por personas de muy bajo nivel académico que más tiempo dedican a bloquear leyes y proteger a determinados grupos) y el poder judicial (con mucha corrupción), solo nos queda poner nuestras esperanzas en el deporte, que si es bien administrado y dirigido por verdaderos conocedores, puede servir, en parte, para salir de la complicada situación actual.

La práctica formal de los deportes es una poderosa herramienta que puede ayudar a transformar este serio problema social en una gran oportunidad para producir una nueva generación de ciudadanos con sólidos códigos de conducta. Puede ser la fragua en que forjen el carácter, principios, valores, solidaridad, autoestima y motivación.

La alta competencia está bien planificada. Tiene sus propios programas y financiamientos y otra connotación, pero también tengo esperanza en los efectos positivos de la tarea formativa, recreativa en las áreas escolar, colegial y universitaria. Se ha comprobado que por cada dólar que el Estado invierte en la actividad deportiva se ahorran $ 15 en prevención, salud y rehabilitación. Los gobiernos están obligados a entregar los recursos porque así lo señala nuestra constitución y los convenios internacionales.

Se reducen presupuestos que se entregan tarde. Esto contradice con lo dicho el anterior viernes 18 de marzo cuando el presidente de la República, en un acto público, firmó un decreto ejecutivo en el que declaró al deporte como política de Estado. Una decisión muy importante, pero esperamos que este pensamiento filosófico se cumpla y traduzca en una mejor atención. Sin embargo, luego de esa declaración, hubo un hecho preocupante: el Ministerio del Deporte disminuyó el presupuesto para la participación de Ecuador en los Juegos Bolivarianos de Valledupar 2022 en un 40 % respecto a lo solicitado. Esto obligó a recortar la delegación a 259 seleccionados y fueron bajadas las disciplinas colectivas. Se generó un impacto negativo en los atletas y a su proceso de entrenamiento empezado el año anterior.

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No vemos buenas señales ni notamos cambios notables. Por ejemplo, poco se conoce de los torneos escolares y colegiales, que son un eslabón perdido en la búsqueda de talentos porque en las unidades educativas no hay profesionales de la cultura física. Hay un problema muy serio desde que se crearon los distritos educativos -en muchos casos están manejados por gente con poca relación con la tarea académica y menos con la actividad física-, está por encima de la autoridad de directores y rectores. Son los que autorizan las participaciones en torneos, pero suelen no contestar esas peticiones o lo hacen extemporáneamente.

El Estado debe coordinar con los gobiernos seccionales y los organismos colaterales como con los ministerios de Finanzas, Salud, Educación; los consejos provinciales, municipales, cantonales, parroquiales, y entidades barriales para construir canchas en sectores donde el deporte no llega. Algunos padres y familiares deben trasladar a sus niños hasta lugares muy distantes, con los gastos que eso representa. Pero mayor es la cantidad de personas que no tienen acceso al deporte.

En periodos de emergencia social, como el que vivimos, urge implementar un gran plan nacional para que niños y jóvenes tengan acceso al deporte. No se necesita mucho espacio porque hasta en una esquina y en una calle se puede activar y masificar. Si se cuenta con una sencilla implementación y monitores que los oriente, no son precisos grandes estadios. Es urgente el rescate de un segmento social abandonado en Ecuador por mucho tiempo. Ese olvido los hace presas fáciles de todo tipo de tentaciones. Es por todo aquello oportuno recordar que el deporte tiene el poder de cambiar el mundo. (O)