En España, interesados en conocer el destino de los millones que acumulan las estrellas del deporte, la Asociación de Futbolistas, contrataron a una compañía asesora que elaboró un manual denominado PKF Attest para deportistas profesionales. Se trata de una guía explícita que contiene estadísticas, reflexiones y experiencias de casos de prudencia financiera y también de cómo despilfarrar en poco tiempo fortunas.

Según un estudio de la revista Sports Illustrated, aproximadamente el 80 % de los deportistas de élite acaban en ruinas por el mal desempeño en su vida privada o por malas inversiones en el campo empresarial.

El parlamento europeo advirtió, hace más de una década, sobre la obligación a los países miembros de crear una regulación especial que reglamente el mercado futbolístico, considerando las grandes cantidades de dinero y la prevención de la corrupción, despilfarros, estados ruinosos, apuestas, drogadicción, violencia doméstica y todo aquello que distorsiona al deporte profesional. Ahí tiene nacimiento el denominado Libro Blanco, editado por la Unión Europea, sobre esos cruciales temas.

Hay historias de deportistas famosos que sufrieron episodios dramáticos y que cuentan cómo, en poco tiempo, destruyeron su patrimonio y hasta su vida.

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Hace pocos días se conoció que Boris Becker enfrenta nuevamente cargos que lo pueden llevar a la cárcel. El alemán hizo del tenis una época floreciente cuando, con 17 años, ganó el afamado trofeo de Wimbledon. El rubio no fue así de poderoso en su vida privada y en el manejo de sus inmensos caudales, que se le escaparon como agua entre los dedos por efecto de las malas inversiones, defraudaciones, divorcios, los que llevaron a que en 2017 un tribunal lo declarara insolvente. En esos años se estimaba que sus deudas llegaban a los 60 millones de dólares. Hoy nuevamente la justicia lo tiene acorralado y el triste desenlace se conocerá en unos días.

La exestrella del tenis Boris Becker. Foto: ANDY RAIN

El tenis tiene otro caso enigmático. Cómo entender que Björn Borg haya intercambiado su gloria y su fortuna por los bacanales, las mujeres exóticas, la cocaína y una vida llena de lujos. Así lo describe su primera esposa, la cantante italiana Loredana Bertè, que en su autobiografía hacía público que el retiro prematuro de Borg del tenis se debió a que en esa época ya consumía cocaína y que tal exceso lo hizo perder la final de Wimbledon de 1981. Luego de su retiro, calificó a Borg de peligro social, portador de armas y alguien que vivía de escándalo en escándalo y con varios intentos de suicidio. Como era de esperarse, le llegó la bancarrota al tenista. Sus años de gloria fueron efímeros y contrastan con la vida que adoptó.

Garrincha, Best, Gascoigne y Maradona

El fútbol nos muestra una faceta triste al recordar al popular Garrincha, la ‘alegría del pueblo’. Murió abandonado, pobre, con una demencia agresiva. El alcohol y las mujeres lo driblaron más que su especialidad en la cancha. En Brasil se conoce que fue la popular cantante Elza Soarez, que acompañó como madrina en 1962, en Chile, a la selección campeona del mundo, la que se le llevó el corazón y los recursos. También alegan que el mejor puntero derecho del mundo poseía un bajo coeficiente intelectual. Mas, fue su adicción al alcohol la que lo llevó a los 49 años a la tumba.

Hay el caso de otro gran futbolista, el irlandés George Best, quien jugó con una maestría excepcional y fue denominado por los millares de fans ‘Quinto Beatle’. Terminó con su fortuna, su gloria y su vida muy pronto. Ahora quedan más los recuerdos de su agitado y tormentoso paso. Desde muy joven presumía de su carro deportivo marca Jaguar, de ser un playboy, visitante asiduo de las mejores discotecas y bares de Mánchester. Todo se le perdonaba por lo que hacía los fines de semana. Las mujeres de diversas clases sociales abundaban: camareras, empleadas de supermercados, reinas de belleza. Alguna vez declaró que en su récord hubo varias Miss Mundo. Se convirtió en arrogante y, mientras la prensa celebraba sus excentricidades, le llegó la implacable factura, que nunca se olvida de cobrar los excesos. El bajo rendimiento y las lesiones provocaron las primeras críticas. Muy pronto se retiró del fútbol y comenzó a sufrir un problema hepático que lo llevó a un trasplante de hígado en el 2002. Se le fue apagando muy pronto la vida y sus frases para reparar los hechos no alcanzaron: “He gastado mi fortuna en mujeres, alcohol y lujos. El resto del tiempo lo desperdicié”. En sus últimos días, intentó dejar un mensaje a los jóvenes: “No vivan como yo y tampoco mueran como yo”.

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George Best, en su etapa con el Manchester United.

La lista de futbolistas es interminable. Está también el inglés Paul Gascoigne, irascible y quien terminó sin una libra en su bolsillo. Se calcula que dilapidó más de quince millones de euros. Terminó alcoholizado, rodeado de prostitutas, en bares de poca monta. Escribió su biografía apoyado por una famosa editora Gazza: My Story en 1998 y otros libros más que intentaban recuperar el dinero perdido. Pero su deterioro físico y mental no le dio tiempo para la reivindicación.

Ni ahondar en Diego Maradona, uno de los más ingeniosos jugadores de fútbol, considerado como el mejor de todos los tiempos. Aunque esos títulos no alcancen para justificar su vida ruinosa, lastimera, asolado por sus notables defectos, convencía a sus devotos alegando exculpación por una sociedad opresora. A muchos convenció, para otros solo fue una apología a la impertinencia.

El caso de Kaviedes

Hay un caso señero en Ecuador, el de Jaime Iván Kaviedes. Jugador extraordinario, con una habilidad incomparable, creativo; hacía magia con una finta para ganar metros y dejar desparramados a sus celadores. Goleador mundial de 1998. Se fue a Italia a demostrar su clase. En Perugia lo recuerdan por sus dotes futbolísticos y por su arrogancia. Los italianos nunca comprendieron que esa soberbia la llevaba en su sangre. Con el pasar de los años, el aficionado se quedó con las ganas de admirar a Kaviedes entre los mejores futbolistas del mundo. El tiempo se le pasó. Lo recordamos episódicamente, como cuando le hizo un gol de chilena al Barça o el cabezazo inolvidable ante Uruguay que nos clasificó al primer Mundial. Lamentablemente el alcohol y la droga lo esclavizaron. Mujeres le abundaban. Como si no fuera nada, confiesa que tiene nueve hijos de madres diferentes. Es parte de su patrimonio. También se conoció que lo ganado en el fútbol, que no debió ser poco, se le hizo humo, que debía jugar en torneos barriales, en ligas comerciales, por ganarse unos dólares. Muchos opinaban que lo vieron dormir en la calle o que estaba en un centro de rehabilitación y que al otro día se escapaba.

Maradona, campeón del mundo en México 1986. Foto: EFE

Una entrevista de la periodista Gabriela Pinasco, realizada para la revista Vistazo, en septiembre de 2020, nos revela al personaje de Kaviedes que nadie conoce. En mis conclusiones, pienso que el Nine revela que solventa su actualidad con el ejercicio del día a día, que da razón a su existencia. Nos lo hace saber también cuando menciona que la música protesta es su preferida. “Si no me conoces, no me juzgues”. Y termina el confesionario diciendo que es Iván “un adicto en recuperación” y que hoy es feliz, porque puede ayudar a mucha gente que sufre lo que él sufrió y que espera que cuando la muerte le llegue lo encuentre ayudando con su ejemplo a alguien.

Al término del artículo, me doy cuenta de que el carácter que le faltó a Kaviedes para consagrarse mundialmente en el fútbol lo ha podido compensar con la rectificación. También se puede ser un ejemplo cuando el escarmiento es sincero. (O)