Mi columna/cuento del domingo anterior, sobre la muerte en 1926 de Tito Símon, provocó una lluvia de correos sobre la novedad de un tema cuyo argumento está basado en un caso real. Ningún detalle es de ficción, pues esta fue sobrepasada por la realidad. Y tan novelesco es este capítulo como su secuela: seis años después, en el mismo ring y el mismo escenario, el hombre cuyos puños acabaron con la vida del boxeador guayaquileño, cayó fulminado por su rival.

Juan Humberto K.O. Pacheco murió a causa de los golpes de Luis Guillermo Orrego, un chileno que peleaba bajo el seudónimo de Kid Langford. No se usaba aún la palabra karma, pero de modo injusto el peruano Pacheco pagó su homicidio involuntario.

“Debes escribir más de esos temas”, me dice un apreciado colega y respondo que quisiera hacerlo cada domingo si no se interpusieran los tenebrosos episodios del manejo de nuestro deporte, lo cual reclama un periodismo de crítica y denuncia. Todas las lecciones que aprendí sobre el periodismo fueron producto de charlas con viejos maestros y lecturas incesantes de consagrados periodistas, como el español Ignacio Escolar para quien “el periodismo es muchas cosas, pero una de las fundamentales es publicar lo que alguien con poder no quiere que se publique”.

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El periodismo deportivo es una rama en clara minusvalía intelectual y moral en nuestro medio, salvo unos pocos colegas cuyos insobornables valores les impiden ser corifeos de los que mandan. Para Escolar “la razón por la que el periodismo perdió su prestigio es que nos vieron como parte del poder y no un contrapoder (…) El trabajo del periodismo es el de fiscalizar al poder, ofrecer información suficiente a los ciudadanos para que ellos decidan quitar o poner gobiernos. Y en ese trabajo no podemos ejercer el entrecomillado para poner lo que dicen los dos bandos enfrentados. Es necesario ir más allá y decir quién dice la verdad y quién miente, para evitar que la mentira se imponga”.

Aquel que teme enfrentar la verdad y tiembla ante la posibilidad de denunciar a los que amenazan la pulcritud del deporte debe abandonar nuestras filas y buscar una profesión menos riesgosa. Ignacio Escolar afirma que “hay que evitar el abrazo del poder. Hay políticos que abrazan a los periodistas para evitar que les den puñetazos. Tienes que apartarte de ese abrazo. Esa cercanía no puede evitar informar con frialdad, con objetividad y con criterio periodístico”.

La mejor noticia de la semana es el respaldo del Comité Olímpico Internacional (COI) a la directiva que encabezan Jorge Delgado Panchana y Jefferson Pérez Quezada, elegida el 5 de mayo de 2025 para presidir al Comité Olímpico Ecuador, al vencer al candidato oficial Roberto Ibáñez Romero, quien, fingiendo respeto a los principios olímpicos, reconoció su derrota, para, a la vuelta de la esquina, empezar a conspirar contra sus vencedores.

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Pese a haber sepultado a Guayas como la primera fuerza deportiva del país, afrontar un informe gubernamental que lo hace sospechoso de presunto enriquecimiento ilícito y pesar sobre su gestión una denuncia que se tramita en la Fiscalía General del Estado, sorpresivamente el gobierno lo nombró viceministro del Deporte, poniendo en entredicho los principios de transparencia y lucha contra la corrupción de que se ufana el régimen que lidera Daniel Noboa.

Apenas sentado en el trono, Ibáñez se desquitó de la derrota que le infligió Delgado y se negó a reconocer el nuevo directorio alegando motivos jurídicos que han sido refutados por carecer de valor. Castigado en sus aspiraciones imperiales, Ibáñez debe reconocer al directorio y soltar las amarras sobre el presupuesto del COE. De no hacerlo, el gobierno de Noboa, al que representa, provocará la suspensión de Ecuador en el movimiento olímpico y el impedimento de nuestros deportistas para participar en las competencias internacionales, incluido el Mundial 2026.

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El prestigio del gobierno está en juego: o acepta el respeto a la Ley del Deporte, a la constitución y a la Carta Olímpica, o cede al imperio del odio y la revancha de una persona a la que el mismo gobierno ha cuestionado. Y el viceministro sigue obsesionado en su voluntad de acumular poder. Hoy el objetivo es el Club Sport Emelec, que un día fue orgullo de Guayaquil y de los socios eléctricos por su organización y sus victorias deportivas.

Ibáñez resolvió que el directorio que se hallaba en funciones no había sido legalmente electo y alegó que el reconocimiento ministerial había sido producto de errores y negligencias de su antecesor. Y cortó la cuerda para guillotinar a los dirigentes y se nombró un interventor. De inmediato, hubo un candidato para las elecciones: nada menos que el exministro José David Jiménez.

¡Asómbrense! Jiménez es el causante de la supuesta negligencia ministerial que ha originado el grave problema por el que pasa Emelec. En lugar de ser sancionado por su costoso error, lo van a premiar eligiéndolo presidente. Como para un cuento del realismo mágico.¿Aceptarán los socios de Emelec unos comicios en los que el gobierno les impone un candidato? Y que no nieguen que es candidato oficial.

Tan obtuso es el aspirante que su primera declaración le atribuye al presidente Noboa la voluntad de apoyar al club, asignándole tinte político a la elección. Sus actos como ministro y viceministro auguran a Emelec un dudoso porvenir. Su espíritu subalterno lo llevó a cumplir la orden de pedir audiencia al COE y en el despacho presidencial exigir a Jorge Delgado que renuncie para dar paso a Ibáñez, el perdedor, con amenaza de intervenir al organismo olímpico. Una muestra de su ignorancia de la manera que funciona el olimpismo.

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Ahora salta un escándalo porque otorgó a empresas y a atletas incentivos tributarios por encima del monto máximo previsto en la ley. Al solicitar certificación para ser aplicados, el SRI los rechaza. Ahora los deportistas están siendo obligados por las empresas a devolver los dineros que recibieron. Una muestra de la manera que Jiménez ejerce sus funciones administrativas. Socios de Emelec: no digan después que no se los advertimos.

Y finalmente un podcast, o como se llame, ha armado un escándalo con una denuncia sobre supuesto lavado de dinero en el fútbol, citando nombres y cifras. Ya en 2023 Michael Fitzpatrick, el cónsul de Estados Unidos, hizo saber que en Ecuador se lavaba dinero ilegal usando a los clubes de fútbol. “Los testaferros ahora están metidos hasta en la pasión nacional, el fútbol. Utilizan algunos equipos para lavar su cara, y su plata” dijo el funcionario.

¿Qué se hizo ante una denuncia tan estruendosa? Que se sepa, nada o muy poco. Y si alguna medida se adoptó debe haber sido clandestina. Hoy, ante la denuncia de Anderson Boscan, la Liga Pro, ha publicado un pequeño documento en el que dice que todo es mentira y sueño. ¿Solo eso cabe ante un suceso tan grave que se agrega a las apuestas ilegales, las extorsiones y los asesinatos de futbolistas? Ya ven, estimados lectores, que no siempre mi columna puede ser histórica o festiva. (O)