“No quiero ningún jugador que no quiera estar aquí”. Temporada tras temporada, Pep Guardiola repite la frase cada vez que se abre el mercado de pases y le preguntan si es cierto que Gundogan está en tratos con el Barcelona, si Bernardo Silva desea irse al PSG o si Cancelo preferiría el Bayern o la Juventus. Es parte de la fórmula del éxito del mejor técnico de la historia de este deporte: compromiso máximo de sus dirigidos, si no es así, ahí está la puerta. Se llame Haaland, De Bruyne o Rodri. Y hayan costado lo que hayan costado.

Medios de Inglaterra: ‘DT del Liverpool necesita desesperadamente refuerzos y pone sus ojos en Moisés Caicedo’

Sensual hincha del Chelsea lanza fuerte comentario contra el Brighton por Moisés Caicedo

Brillante: jugador que está a disgusto en el club, aire. Jugador que no muestra respeto por la camiseta y por sus hinchas, adiós. Quien no está consustanciado con el proyecto, debería presentar una oferta por escrito al club y hacer el bolsito. No estar todo el tiempo gritando “véndanme”.

Diario AS: Moisés Caicedo se convertiría en la ‘gran venta’ de Brighton

El fútbol tuvo un jugador excepcional, del que conservamos un magnífico recuerdo, pero que no quedó instalado en el corazón de ninguna hinchada por su carácter nómade (por decirlo de manera elegante). Vivía pensando más en una transferencia que en permanecer en un sitio, ganar títulos y convertirse en ídolo. Hablamos de Ronaldo Fenómeno. Pudo haber alcanzado una imagen aún más querible de haberse quedado varios años en un club, pero cedió a la voracidad de sus representantes. El Inter lo fichó en una fortuna, lo aguantó tres años lesionado, lo mimó y cuando estuvo recuperado dijo “quiero ser feliz en otro lado”. Obviamente la frase no se le hubiese ocurrido nunca al Gordo, fue una idea oportunista de sus empresarios. Y se marchó al Real Madrid. Una actitud imperdonable, Figo/Neymaresca. Se mudó de noche de Milán. Ya había tenido una salida poco elegante del Barcelona por una cuestión de dinero.

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Moisés Caicedo tiene aún 21 años, y lleva apenas temporada y media en el Brighton, el club que le dio acogida en Inglaterra, la meca del fútbol. Recién está rompiendo el cascarón. Su desesperación por salir del Brighton no solo sorprende, también comienza a generar antipatía hacia el jugador, algo que sus manejadores debieran tener en cuenta y aconsejarlo en consecuencia. Pero el agente embolsa dinero cuando su representado hace una transferencia, de ahí la insistencia casi enfermiza por querer pasarlo al Chelsea, que nunca ha manifestado públicamente su deseo de ficharlo. Cada vez que el club londinense tuvo interés en un futbolista, lo expresó. Luego puso el dinero y se lo llevó. En diferentes negociaciones, el Chelsea pagó al Brighton 72 millones de dólares por el menos que discreto lateral catalán Marc Cucurella (lo que se dice un pase ruinoso), luego indemnizó al club de las gaviotas con 32 millones por sacarle al técnico Graham Potter y ahora acaba de fichar al arquero español Robert Sánchez, también del Brighton, por 25,33 millones. Es decir, cuando quiso un elemento del Brighton, fue, pagó y se lo quedó. El Chelsea es propiedad de un grupo de ultramillonarios norteamericanos, no tiene problemas de caja. Su único dolor de cabeza es el desmanejo de su secretaría técnica, que amontonó un ejército de futbolistas creando un caos en el vestuario. Para repararlo, ya han dado salida a 28 profesionales (casi tres equipos completos) y esperan poder liberarse de otra media docena, pues aún le quedan 32 en nómina, una cantidad inmanejable para cualquier técnico.

Cuando el Brighton tuvo ofertas por alguno de sus jugadores, no mostró objeciones en traspasarlo, es un club netamente vendedor, a eso se dedican principalmente sus dueños. En el caso de Alexis Mac Allister, por ejemplo, un buen jugador que en tres cursos y medio dejó una inmejorable impresión personal y deportiva, el Brighton lo cedió al Liverpool en 46,3 millones. Una cifra adecuada por un campeón del mundo de 24 años, que además marcó 12 goles y dio 3 asistencias en 2022-2023. Buenos números para un mediocampista.

Lo que se advierte, en el caso Caicedo-Brighton-Chelsea es un monumental y descarado trabajo de ingeniería mediática de los agentes del futbolista para tratar de forzar la transferencia. Y no a cualquier precio. A una fortuna superior a los 127 millones de dólares, lo cual bordearía el récord en esta ventana. Lo que entraría en el terreno de la insensatez. Caicedo, obediente con sus mánagers, ayuda en cada uno de sus movimientos. Ya había tenido en enero último un paso en falso cuando se despidió de los hinchas del Brighton porque se iba al Arsenal. Y en el Arsenal desmintieron por completo que tuvieran interés en él.

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“Tiene derecho a pensar en su futuro”, se escucha. Desde luego, ya pensó, por eso renovó hasta 2027. Si no tenía interés de permanecer en el Brighton, ¿para qué firmó?

Moisés Caicedo es un muy interesante volante de recuperación en tanto posee un más que correcto trato de balón. Y en la medida que evolucione en su juego. Sin embargo, no hace goles, no los prepara, no tiene cabezazo ni remate, tampoco uno contra uno ni se dedica a la creación, que son los ítems más buscados por los clubes compradores. O sea, atletas que hagan la diferencia. Su juego no brilla por la verticalidad, está más orientado al quite y pase al costado. No muestra un incansable ida y vuelta tipo Kevin De Bruyne, que va de área a área en casi todas las jugadas. Además de ser una estrella mundial y superfigura del Manchester City en el triplete ganado, el belga marcó 10 goles y dio 31 asistencias, una locura, porque se desdobla en la marca y en el armado. Y su valor de mercado es de 70 millones, curiosamente cinco menos que Caicedo. Tampoco se le advierte a Moisés un liderazgo definido. Declan Rice pasó del West Ham al Arsenal en 128,4 millones de dólares. Parecen demasiados, pues no ofrece grandes atributos técnicos, pero sí asegura una mentalidad de acero. Ya se pondrá al hombro el equipo de los cañoneros. Los líderes son muy buscados también.

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Harry Kane, máximo goleador de la historia del Tottenham y de la Selección inglesa, el centrodelantero de la inteligencia sin par, que combina gol con asistencias, está a punto de fichar por el Bayern Munich en 107 millones de dólares. Y al Tottenham le duele en el alma dejarlo ir, es el ídolo del club, hizo toda su carrera allí. Él tiene la mercadería más preciada: el gol. El gol, la asistencia, la gambeta hacia adelante, la creatividad y el liderazgo son las cinco facetas más buscadas a la hora de comprar. Caicedo no entra en ninguna. Hoy, al menos.

Caicedo renovó en marzo último contrato con el Brighton hasta 2027, al día siguiente empezó su coqueteo con el Chelsea. De ahí que el italiano De Zerbi le haya enviado un fuerte mensaje por los medios: “Moisés es un gran jugador, en verdad un gran jugador, pero tiene que saber que está jugando para el Brighton y dar lo mejor de sí mismo al Brighton, no a nadie más”. Ni siquiera puede esgrimir el clásico embuste de “quiero jugar Champions”. El Chelsea no estará en Champions ni en ninguna competencia europea. El Brighton sí.

Moisés debería tener un objetivo para esta temporada que comienza hoy: hacer dos goles. No treinta, dos al menos. Y unos cinco pases gol. Verticalizar más sus acciones con balón, tratar de mejorar su remate y su cabezazo, su dinámica, también su inglés. Ganar algún título. Y cuando haya dado alegrías al hincha y haya estado un tiempo prudencial en el club que creyó en él y le dio cabida, ahí sí pensar en un salto a otra institución. (D)