En medio del ruido, los flashes y la magnitud del partido de la historia", Lionel Messi regaló un momento que terminó siendo tan poderoso como cualquier gol.

Tras el empate a 2 entre Inter Miami y Barcelona SC en Guayaquil, cuando el estadio empezaba a vaciarse y el operativo de salida seguía su curso, el bus del equipo estadounidense avanzaba lentamente.

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Desde afuera, entre vallas y miradas ansiosas, apareció el hijo de Miguel Parrales, delantero torero, buscando apenas un saludo, una foto, un instante con quien ha visto cientos de veces por televisión.

Su padre lo alzó hasta la ventana y Messi lo vio. Desde la ventanilla empañada del bus, el argentino apoyó la mano, limpió el vidrio y se inclinó para que el niño pudiera verlo bien.

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Un gesto simple, casi imperceptible para muchos, pero cargado de humanidad. No hubo prisa, no hubo distancia, solo una sonrisa y un contacto visual que convirtió ese segundo en eterno. Un suceso que ha dado la vuelta al mundo y ha sido destacado por varios medios internacionales.

Parrales ingresó a la variante en el segundo tiempo y fue el coautor del gol del empate anotado por Tomás Martínez, en una de las últimas acciones del partido.

(D)