Lo usual es preguntarle a un futbolista qué se siente al jugar una Copa América; lo usual en Álex Aguinaga es que le consulten que se siente jugar ocho. El cerebral volante ecuatoriano ostenta ese increíble récord de participaciones. Esta es la segunda entrega de nuestro diálogo México-Buenos Aires con el nunca reemplazado número 10.

—Que mi nombre esté ligado a la Copa América me genera mucha alegría, mucha emoción, me encanta porque para mí es el torneo más importante del mundo, más allá de los Mundiales, porque en los Mundiales interviene tanta gente que un poco se diluye la historia, pero acá somos diez, como un grupo selecto y es fácilmente comparable. Uno sueña con que en algún momento le pongan su nombre a algún trofeo y sea quien lo entregue, cosas que me llenarían de orgullo porque ha sido un placer representar a mi país, pero también un sacrificio haberla jugado durante diecisiete años.

Debutó en la Copa el 2 de julio de 1987 y se retiró el 13 de julio de 2004.

—Justamente contra México, en Perú 2004, disputé mi último partido en la Copa. Sabía que era el último porque habíamos quedado eliminados, yo tenía 36 años y la próxima edición era en 2007, ya no iba a llegar.

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Aguinaga dice “justamente” porque México es el otro gran amor de su vida. Llegó allá en 1989 y hasta hoy continúa.

—Mis hijos son mexicanos, trabajo aquí en televisión, mi vida está en México.

Aquella del ’87 representó, dice, tanto una enorme ilusión como una fuerte decepción. Pero si es verdad que el fútbol siempre da revancha, Álex la tuvo dos años después en Brasil ’89, donde encandiló a público y prensa. Sorprendiendo a todos los observadores, el Ecuador de Dusan Draskovic se estrenó venciendo 1-0 al fuerte Uruguay del Maestro Tabárez. Una Celeste plagada de estrellas: De León, Ostolaza, Alzamendi, Francescoli, Rubén Paz, Rubén Sosa, el Patito Aguilera, Bengoechea, Manteca Martínez… Casi todos triunfadores en Europa, pero del que habló el continente esa noche fue de un muchachito rubio, aún con 20 años, de los registros del Deportivo Quito.

—Me fue muy bien, Uruguay tenía un equipo impresionante, lo superamos en base a velocidad y buen toque de pelota. Se escapó por derecha Avilés, el marcador lo quiso voltear pero cayó, porque Raúl además de rápido era muy fuerte, sacó un tiro que fue medio centro, medio remate al arco y Ermen Benítez, que venía arremetiendo, la metió. Y debió ser 2 a 0, porque en el último segundo hizo un gol Avilés y, cuando la pelota estaba entrando, el árbitro (N. del A.: Carlos Maciel, de Paraguay), pitó y dio por terminado el partido. Era gol… Pero ni nos molestamos porque nos mataban siempre los jueces, era normal que te mataran. Empatamos con Argentina, que también tenía una gran selección con Caniggia, Maradona, Burruchaga, Ruggeri… Fui elegido entre los mejores jugadores de la Copa. O sea, me fue bien. Luego empatamos con Bolivia y perdimos con Chile, el partido que nos costó la clasificación a la ronda final. Argentina ganó el grupo, nosotros igualamos en puntos con Uruguay y Chile, pero clasificó Uruguay por diferencia de goles y llegó a la final con Brasil. Se dio un lindo torneo porque favoreció el clima. En el sur por lo general hace mucho frío siempre que se juega la Copa, pero en Goiania esa vez estuvo cálido y eso ayuda a que se genere un mejor ambiente, en todo sentido. Nosotros sorprendimos, éramos un equipo joven, pero con la experiencia de la Copa anterior y con un técnico yugoslavo, Dusan Draskovic. Ahí empezó a gestar Ecuador su clasificación al Mundial 2002, allí nació todo un proceso.

'Algo raro' en Brasil 1989

Álex habla con la misma claridad y valentía con que jugaba. Y, como en el campo, no se guarda nada…

—Contra Bolivia pasó algo raro… En esa época se acostumbraba que algunas selecciones compartiéramos el mismo hotel. Nosotros compartimos con Uruguay. Ellos trajeron su chef, que bajaba a la cocina, nosotros no teníamos a nadie ahí y el día que debíamos enfrentar a Bolivia amanecimos todos enfermos del estómago, algo provocado por la comida. Seis o siete titulares estábamos hasta con suero, pero había que jugar igual. Y ese empate nos privó de clasificarnos con una fecha de antelación. Podríamos haber ganado, pero estábamos sin fuerzas, no pudimos definirlo. En fin, piensa mal y acertarás…

Aquella deslumbrante actuación ante Uruguay le valió el pase a México. En el palco del estadio, un enjambre de cazatalentos estudiaba cómo bajar primero al camarín para hablar con el muchacho de la camiseta número 8. Y llegó primero el emisario del América mexicano. A la vuelta de Brasil tuvo que viajar a México.

'Siempre tocaba cumplir años durante la Copa'

Y desde México siguió viniendo a la Copa América. En 1991 tocó en Chile, donde se jugó una preciosa edición pese al frío y las intensas lluvias, que apenas pararon de incordiar al torneo.

—En esa de Chile me fue bien en lo individual porque hice dos goles, uno a Uruguay, otro a Bolivia y se me escapó por poco otro a Brasil, pero no anduvimos del todo como equipo. La única alegría grupal fue el triunfo por 4-0 sobre Bolivia. Primero perdimos 1-0 con Colombia, muy buen equipo (N. del A.: René Higuita, Luis Perea, Andrés Escobar, Leonel Álvarez, Freddy Rincón, Carlos Valderrama, Anthony De Ávila, Albeiro Usuriaga, Arnoldo Iguarán entre otros). Frente a Uruguay se jugó el 9 de julio, el día de mi cumpleaños y Dusan Draskovic tuvo un lindo gesto, me dijo: “Bueno, Alex, como regalo, hoy vas a llevar la cinta de capitán”. Y a partir de ese día fuimos dos capitanes, Luis Capurro y yo. Seguramente tuve partidos mejores, pero ese frente a Uruguay es el recuerdo más feliz que me dejó la Copa: cumplía años, fui capitán por primera vez y marqué el gol del empate 1 a 1. Siempre tocaba cumplir años durante la Copa. Recién entraba en los 23 y ya tenía tres copas jugadas. (O)