Cuantos años el Modelo soportó la desidia y el abandono de las administraciones de su dueña, la Federación Deportiva del Guayas. La partida de nacimiento del estadio de Barcelona parecía ser la de defunción del escenario más elegante y multifuncional del país en aquellos años. Se jugaba de vez en cuando, pero su cancha y sus instalaciones seguían siendo acogedoras gracias a la devoción de sus dos últimos administradores: Jacinto Carrión y luego Juan Rivera Ferretti. Se asignaba poco dinero, pero ellos lo sacaban del sombrero de un mago para que el estadio no entrara en fase ruinosa.

Un día llegó lo que se dio en llamar como una burla sangrienta ‘La Nueva Era’, comandada por Pierina Correa. Se fue Juanito Rivera, los sacrificados trabajadores del Modelo fueron despedidos y se acentuó su decadencia. Sus puertas, ya desvencijadas, se abrían a veces para predicadores del fin del mundo y la recolección de las monedas de la salvación, o para ‘estrellas’ regetoneras.

Todo parecía perdido hasta que ‘La Nueva Era’ desapareció del mapa dejando una estela catastrófica tras de sí y advino una época distinta. El cambio fue positivo para los escenarios y habrá que ver si el destierro de la política federativa logra restablecer la grandeza deportiva perdida. El estadio Modelo, cuyo verdadero nombre -puesto al apuro- es Alberto Spencer Herrera, empezó a ser rehabilitado. Hoy otro resucitado, el club Nueve de Octubre, parte de la tradición del balompié porteño, ha decidido usar el inmueble para su reaparición en la serie A. Guayaquil Sport, ascendido a la B, también jugará en el estadio que fuera un símbolo del deporte guayaquileño.

Fotografía del 3 de febrero del 2021 que muestra el estado del nuevo césped del estadio Modelo. Cortesía: Twitter @ribanezr.

Como no recordar por las viejas generaciones la inauguración del llamado Coloso de la avenida de Las Américas, aquel 24 de julio de 1959. Conseguir el dinero para la entrada a general (creo que valía 12 sucres) fue una hazaña, pero allí estuvimos con la muchachada del barrio. Las instalaciones registraban un lleno rebosante. Ningún guayaquileño quería perderse un suceso histórico que iba a permanecer en la memoria hasta el fin de los días. Quedaron en el carrete dos hechos memorables: la mayor pifia del hemisferio occidental, como se llamó a la silbatina al presidente de la Repúlica, y el golazo de Alberto Spencer a Walter Taibo, arquero de Huracán de Buenos Aires, el primero en la emotiva estadística del estadio. Y después aquel cinematográfico episodio del sombrero de Spencer a William Martínez y el balón dentro del arco de Bernardicco, vencido por la maniobra del anconense. Peñarol advirtió el potencial del gran Spencer y en los camerinos del Modelo empezó la negociación del delantero que marcaría un episodio incomparable en la gran historia de los aurinegros.

En el césped de ese estadio se jugó en 1959 la segunda Copa América que tuvo como sede a Guayaquil. Allí estuvimos a punto de derrotar a Argentina, con un gol de Carlos Raffo, y logramos una victoria ante Paraguay. Quedó en la retina una gran delantera que integraron José Vicente Balseca, Leonardo Palacios, Raffo, Spencer y Clímaco Cañarte. En el Modelo se jugó la primera eliminatoria mundialista, para Chile 1962, y en esa misma cancha nos robaron la ilusión en 1965 cuando el árbitro Eunapio Queiroz permitió la embestida brutal del chileno Carlos Campos contra Pablo Ansaldo, que pudo causar la muerte del arquero en plena cancha. Campos no fue expulsado y Ansaldo jugo inutilizado. Con diez hombres, sin golero, Ecuador empato con Chile cuando una victoria nos ponía en Inglaterra 1966 con la mejor selección de nuestra historia.

La décadas de los años 60 y 70 fueron las más prodigas en la visita de grandes equipos y extraordinarios futbolistas. Por el Modelo pasaron el Peñarol de Spencer, Tito Gonçalvez y Juan Joya; el Santos de Pelé; el Real Madrid de Alfredo Di Stéfano, Ferenc Puskas y Paco Gento; el Botafogo de Garrincha; el Barcelona de España con Sandor Kocsis (la mejor cabeza de Europa después de Winston Churchill, decían de él); el Corinthians de Rivelino; el Milan de Cesare Maldini y Giovanni Trappatoni; el Benfica de Eusebio; el Dínamo de Lev Yashin, el Borussia de Berti Vogts, el Cosmos de Franz Beckenbauer y otros clubes famosos como Atlético de Madrid, Rapid de Viena y Estrella Roja de Yugoslavia, por mencionar a algunos en una lista en la que están los mejores del mundo.

En el estadio Modelo se jugó por primera vez la Copa Libertadores con el partido Barcelona vs. Santa Fe de Bogotá, y se ganó el primer partido copero de un club ecuatoriano cuando Emelec venció a Millonarios. En esa cancha Cipriano Yulee, el recordado gran portero azul, atajó el primer penal en la historia de la Copa. En 1962 los eléctricos produjeron la primera goleada de un club nacional en la Copa al derrotar a Universidad Católica de Chile con cinco goles de Enrique Maestrito Raymondi.
Hay tantas vivencias repletas de emoción cuando evocamos los mejores momentos del Modelo. Allí nació la incomparable línea de Los Cinco Reyes Magos de Emelec y la irrepetible defensa de Barcelona que se llamó La Cortina de Hierro. En esa cancha Everest fue el primer campeón invicto en 1962 y surgió el primer y único duelo de técnicos que eran a su vez maestros de futbol y de vida: Fernando Paternoster y Francisco de Souza Ferreira, Gradym.

Imposible alejar del recuerdo al Patria que formó casi de la nada Alfredo Bonnard conocido como Los Carasucias, cuya defensa se asentaba en la clase de Fortunato Chalén y la delantera de chiquillos que hizo sensación: Roberto Briones, William Ortega, Vicente Mawyin, Benito Valdez y Hugo Ponce; o al Nueve de Octubre de Gregorio Esperón, que fue subcampeón nacional manejado en el mediocampo por Jaime Galarza y un número 10 exquisito e inteligente como el milagreño Humberto Barreno. Tampoco olvidamos al Everest de Pedro Gando, Galo Pinto, Néstor Azón, Titán Altamirano y Pepe Aquino.

El palco de prensa

En lo periodístico nunca volvimos a vivir los tiempos mitad serios, mitad festivos, del palco de prensa del Modelo. Ese clima de fraternidad se extinguió en otros escenarios con la llegada de los sabios de la táctica y la pérdida de la intimidad de un sitio que nos reconstruyó y equipó Carlos Falquez Batallas cuando estuvo en Dinader. Como no recordar las celebradas camisas de Bobby Bermúdez y sus intercambios llenos de chispa e ironía con sus críticos Manolito Mestanza y Arístides Castro; la opinión ácida pero con una comicidad irónica de Mauro Velásquez; las salidas hilarantes de Carlitos Cherrez y las charlas siempre agradables y llenas de humor con Eduardo Díaz Navarrete, Olmedo y Enrique Arroba, Mauro Villamar, Luigi Pescarolo, Wacho Rivadeneira (River), Pepe del Rosario, Enrique Villacís Gómez, y tantos otros compañeros, algunos que ya no están con nosotros. ¿Se abrirá otra vez el palco de prensa? Tal vez sí. Habrá que pedirle a Roberto Ibáñez, presidente de Fedeguayas, incluya esta obra en la rehabilitación del Modelo. Es que para los viejos periodistas ese sitio tiene tantas historias. (O)