A mediados del 2019 recibí una invitación del asambleísta Sebastián Palacios para concurrir a una reunión donde se iba a tratar un proyecto de la nueva Ley del Deporte. La invitación, muy amable, reconocía mi combate periodístico contra la ley actual como instrumento de politización del deporte y tenía una advertencia: debía ser muy puntual y concurrir a la sede de la Asamblea en Quito a las 8 de la mañana. Ni un minuto más.

Lo curioso es que, según un mensaje posterior, los gastos de viaje y estadía en Quito debían ser cubiertos por mí porque, de acuerdo con lo expresado por la secretaria de Palacios, este le había advertido que la Asamblea no tenía fondos para solventar los gastos de los invitados. Me negué rotundamente a asistir en esas condiciones. No sé hasta hoy quiénes acudieron a esta original y descortés cita, pero hoy circula un proyecto de ley que me envió un amigo muy confiable, el cual tiene como advertencia estas expresiones: “Propuesta de la mesa técnica de asesores para la discusión en la Comisión Especializada Permanente del derecho a la salud. Uso exclusivo de la Comisión de Salud para su análisis y tratamiento. No citar. No difundir”. Me imagino que es el proyecto de la Comisión de Salud y no el de Palacios.

Pese a la advertencia el proyecto ya está en manos de directivos, exdirigentes, periodistas y operadores políticos del régimen morenista salidos de la Secretaría del Deporte, cuya titular aspira a ser la próxima presidenta del Comité Olímpico Ecuatoriano (COE), organismo del que es secretaria rentada con licencia. He empezado a examinar el proyecto y muy a mi pesar, porque esperaba algo mejor, debo compartir la visión de Danilo Carrera, expresidente del COE y presidente de la Federación Ecuatoriana de Tenis, que lo ha descalificado porque sigue siendo “estatizador y centralista”, igual que la ley impulsada por Rafael Correa y sus amanuenses. José Luis Contreras, también experimentado dirigente, dice que lo que se pretende hacer con el proyecto es “totalmente irracional”.

Empecé a examinar el proyecto de ley y esperaba algo mejor.

Desde las primeras líneas me surgió una certeza: este proyecto está hecho por los mismos asesores políticos que hicieron la ley del 2010, hoy vigente. Se usa en toda su extensión la misma aberración gramatical que se inauguró en la redacción de la Constitución de Montecristi y siguió en toda la legislación del correato, con la asesoría del movimiento radical izquierdista español Podemos y los venezolanos que fueron consultados para consolidar la intención de subyugar políticamente a la sociedad ecuatoriana bajo los principios del pensamiento único. El artículo 2 del proyecto señala que la nueva ley “promoverá la preparación y participación de las y los deportistas en competencias nacionales e internacionales. En esta ley prevalece el interés prioritario de las y los deportistas”. La Real Academia de la Lengua aclaró hace poco que en los sustantivos que designan seres animados, el masculino gramatical no solo se emplea para referirse a los individuos de sexo masculino, sino también para designar la clase, esto es, a todos los individuos de la especie, sin distinción de sexos.

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A pesar de ello, en los últimos tiempos, por razones de corrección política, que no de corrección lingüística, se está extendiendo la costumbre de hacer explícita en estos casos la alusión a ambos sexos. Se olvida que en la lengua está prevista la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino, posibilidad en la que no debe verse intención discriminatoria alguna, sino la aplicación de la ley lingüística de la economía expresiva.

Presumo que hay otro proyecto y que corresponde a Sebastián Palacios.

El artículo 4 del proyecto es una copia del mismo artículo de la ley correísta. El enrevesado lenguaje burocrático lo delata: “Art. 4.- Principios.- Esta Ley se regirá por los principios de universalidad, igualdad, equidad, progresividad, interculturalidad, solidaridad, ética en el deporte, no discriminación, con enfoque de género y generacional. Funcionará bajo los criterios de eficacia, eficiencia, calidad, transparencia, responsabilidad, participación, jerarquía, desconcentración, descentralización, coordinación, planificación y evaluación, así como accesibilidad y precaución”. Una copia vulgar.

Incapaces y obedientes

Eso en lo formal idiomático, pero hay asuntos de formas muy importantes. Se habla de crear una Autoridad Nacional del Deporte, que suponemos remplaza a la Secretaría actual, pero se omite su conformación y las condiciones para ocupar los cargos, defecto que provocó la desaparición del Ministerio del Deporte al nombrarse para esa cartera de Estado a personas incapaces, de baja intelectualidad en su mayoría, pero obedientes al mandato de barrer la autonomía de las entidades deportivas y poner al mando de ellas a gente del partido gobernante.

La estructura que se plantea en el proyecto es un caos surgido de mentes incapaces y desconocedoras de la realidad deportiva. En lo tocante a las federaciones ecuatorianas por Deporte no se habla de su integración, pero se ordena que sean elegidos sus dirigentes por los delegados de cada federación provincial. ¿Y en el caso de ramas deportivas que solo se practican en una, dos o tres provincias? ¿Igual participan todas? Sobre las federaciones provinciales el proyecto que tengo a mano no habla nada de su integración ni cómo serán elegidas sus directivas. Igual ocurre con el Comité Olímpico. No hay la más leve mención de la manera cómo estarán formadas sus asambleas ni su dirigencia, ni la duración de su periodo.

Como un error histórico se incluyen en la ley la educación física, la recreación, los deportes universitarios, militar y policial, lo que va contra lo usual en todo el mundo, en que se legisla para el deporte de modo exclusivo. En cuanto al financiamiento del deporte no hay una sola palabra, cuando el interés general es que se restablezca el 5 % de los impulsos telefónicos que fue borrado por Correa para que las actividades deportivas dependan de la voluntad del ministro como modo de someter a los dirigentes.

A mi juicio este proyecto que se ha querido mantener en secreto es buen material para depositar en la basura. Presumo que hay otro, que creo corresponde a Sebastián Palacios. ¿O serán los dos los mismos? (O)