Desconocer que Brasil no fue un justo ganador ante Argentina y cuestionar cómo lo hizo es vender humo a una afición que transpira pasión por su selección. La prensa albiceleste atizó ese sentimiento emocional que tienen por su combinado.

Todo eso es una manera de esquivar la realidad. Si bien es cierto que Argentina está en formación, con gran futuro si hacen las cosas bien y corrigen los excesos de un narcisismo aberrante y aterrizan en la realidad, deben reconocer que la actual Argentina está muy lejos de esas que maravillaron al mundo. Como la de Maradona en 1986 o la de 1978 con Kempes, Ardiles, Fillol, Bertoni, o la que brilló en el Sudamericano de 1947 con Méndez, Di Stéfano, Boyé, Pontoni, Moreno. O los Carasucias de Lima, campeones de América en 1957, con Sívori, Corbatta, Maschio, Angelillo, Cruz- en épocas de brillo donde no había excusas cuando se perdía por la simple razón que para superarlos era una tarea complicada. Solo las grandes selecciones de esa época, como Brasil o Uruguay, tenían reservadas esas opciones.

Perder y no reconocer las virtudes del rival obedece a ese histrionismo con que periodismo y futbolistas argentinos sufren cuando a la selección la supera el adversario. Confirman esa característica cuando se escuchan las reacciones de un sector del periodismo argentino: Brasil no estuvo a la altura de las circunstancias, no mostró cualidades para ser finalista, el árbitro fue un descarado y el VAR se hizo de la vista gorda.

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Sobre el arbitraje de Roddy Zambrano, es verdad que tuvo excesos por su costumbre de exhibirse y querer ser el protagonista en un show donde él es el juez y nada más. Pese a ello, su nivel fue adecuado para un partido que se preveía áspero, luchado in extremis, con jugadores posesivos y dominantes en cancha. El juez, con errores comunes y normales, tuvo una aceptable gestión, sin llegar a ser muy buena. Las críticas más severas escapan de su responsabilidad porque en los dos posibles penales alegados por los argentinos el réferi Zambrano pudo modificar su posición, siempre y cuando el VAR se los señalara, de acuerdo con el protocolo que obliga al árbitro y juez de línea a dar fluidez al juego. El VAR es el que analiza la jugada controvertida para que el árbitro, tras revisarla en el monitor, rectifique si es el caso.

Es verdad que Argentina tiene una gran historia en la Copa América, aunque ya son 26 años sin ganarla. Por eso hay que entender que perder en semifinales con su archirrival les duele, como debe dolerle a Messi ver pasar los torneos mundiales y continentales y seguir frustrado por no poder ganar ninguno.

Tite, técnico de Brasil, buscando primero una estructura de orden, va en el camino correcto para que a esa organización táctica se le agreguen esos pincelazos del famoso jogo bonito con el fin de arribar al éxtasis futbolístico al que acostumbró con los campeones mundiales de Suecia 1958, Chile 1962 y México 1970, y hasta la de España 1982, dejó ese gusto por la excelencia. El actual Brasil se dio cuenta de que extravió su identidad con los equipos de Dunga, Scolari, Parreira, que usaron esquemas rígidos importados de Europa.

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Argentina debe recuperar su esencia y aquel fútbol de alta calidad individual, conjugado con esquemas ordenados. Pero antes, para que lleguen a esas instancias, deben organizarse casa adentro y su periodismo debe ser más propositivo y no buscar subterfugios para explicar lo que sucedió.

Argentina debe recuperar su esencia y su fútbol de alta calidad. Pero antes deben organizarse casa adentro y su periodismo debe ser más propositivo y no buscar subterfugios para explicar lo sucedido.

Desprestigiar al VAR, cuando hace pocos días lo elogiaban, es inexplicable. Brasil fue justo vencedor y no tiene que ver con los errores arbitrales, hay que identificar otros factores que facilitaron el triunfo auriverde, tales como que Argentina es vulnerable defensivamente, o explicarse por qué Messi no termina siendo factor determinante. Un reconocido periodista argentino (Juan Pablo Varsky), en su cuenta de Twitter @varskysport, lo explica: “Otra conclusión que deja esta Copa América es la transformación de Messi. Menos salvador en el campo, más líder en el vestuario. Detalles que no hacen al juego, sino a su personalidad”. Es una gran verdad.

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Los minutos de buen nivel de Messi son pocos para lo que necesita su selección. Otro factor de la derrota está en las incertidumbres del DT Scaloni, que encontró el equipo ideal durante la competencia, pero eso que parece una virtud termina siendo un defecto. Meterle la culpa al arbitraje, de la forma como lo hizo la portada del diario Olé (‘Sin-Vargüenzas’), es justificar la pérdida y desconocer la victoria justo de Brasil es engañarse a sí mismos.

Pese a la falta de colaboración de los jugadores en cancha, aspecto usual en los duelos entre Brasil y Argentina, más la instancia en que se jugaba, el nivel del árbitro ecuatoriano Zambrano fue aceptable. Es posible que en un escenario con tanta tensión y en juego tantos intereses, siempre haya nervios, pero por lo demás, con los errores comunes de Zambrano, controló el agitado momento en que la Argentina se dio cuenta de que podía complicar a Brasil.

El periodista Carlos Valdivieso recordaba que en las semifinales de la Copa América 1987 Elías Jácome dirigió Uruguay vs. Argentina, que ganaron en Buenos Aires los charrúas con magnífico desempeño de Jácome. Pero el periodismo argentino se preguntaba por qué le daban ese partido tan importante a un ecuatoriano, algunos señalaron como una de las razones de la eliminación al juez. Así es la historia del balompié, hay un manual donde se encuentran todos los motivos extrafutbolísticos para justificar una derrota.

Hay un factor que fomenta molestias y suspicacias. La Conmebol ha perdido credibilidad y sus afiliados lo han hecho público. Messi declaró que la Copa América la maneja Brasil y que la Conmebol se sometió. La prensa se hace eco pidiendo sinceramiento respecto del VAR porque el muñequeo debilita su implementación. Es tal la paranoia que la AFA le pidió a Conmebol las grabaciones del VAR, para conocer qué se habló en la radio interna, entre los jueces que están en el búnker de tecnología y los réferis en el campo. Todo aquello por la gran desconfianza que hoy provoca la Conmebol.

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El recurso solicitado por los dirigentes argentinos es legal, pero es una vergüenza para la organización de la tradicional Copa América. (O)