A Marcelo Trobbiani (63 años) le ‘gustaría tener la edad que le permitiera jugar la final’ que el equipo del que es ‘hincha de toda la vida’, Boca Juniors, disputará este sábado contra River Plate, por la Copa Libertadores 2018. No puede desearlo menos: fue en el club xeneize –su ‘pasión’– donde el talentoso exvolante debutó en el profesionalismo, en 1973, y logró luego sus dos primeros títulos nacionales, en 1976 y 1981, año en el que además compartió cancha con Diego Armando Maradona. El también exfutbolista de Barcelona –con el que sí jugó una final de la Copa, en 1990– y campeón del mundo en México 1986 dijo, en diálogo con Diario EL UNIVERSO, que el equipo que levante el trofeo continental ante su eterno rival ‘quedará en la historia’, y quien pierda ‘va a quedar marcado’, puesto que ‘perder esta final no se irá nunca’, pero que ‘se deberá seguir adelante’.

¿Qué implicaciones puede generarles a ambos clubes el resultado de esta final?
Ganar una final de la Libertadores ante tu eterno rival implica un montón. Capaz que no hay más finales como estas; o capaz sí, pero luego de veinte o treinta años. Quien gane quedará en la historia, y el otro va a quedar marcado por las cargadas de todas esas cosas que nos pasan futbolísticamente (por parte de hinchas). Pero eso nada más. Después de la final, la vida sigue. Es fútbol. Se toma con mucha pasión, pero hay un límite. Al que pierda, le va a doler; pero luego debe seguir. Quien gane pasará a la historia como el campeón. Quien pierda tendrá días muy malos; quien gane tendrá toda la vida bien, porque ganó el superclásico. Perder la final no se irá nunca, pero se debe seguir adelante. Es una final deportiva y hay que tomarla como tal.

¿Imaginó alguna vez que se daría una definición de Copa entre Boca y River?
Antes no se daba porque el formato de la Libertadores no permitía que dos clubes de un mismo país se cruzaran en la final (en la edición del 2005 sucedió por primera vez, entre los brasileños Sao Paulo, que fue campeón, y el Atlético Paranaense). Podían llegar hasta las semifinales y ahí se mataban. Avanzaba uno. Ahora último no me imaginaba. Es inédito y capaz que no volvemos a ver por muchos años esta final. Es muy difícil llegar a la final de la Libertadores, redifícil. Puede que llegue Boca, puede que llegue River, puede que ninguno; pero juntarse así es inédito. Sin embargo, para mí, es el partido final de la Copa Libertadores. No le meto el verso de que es una final mundial, como la quieren vender. Es un partido inédito y lo vamos a ver todos.

¿Le gustaría jugarlo?
¡Por supuesto! Claro que sí. Me gustaría tener la edad que debería tener para jugar en una final como esta. No es
una final más, porque es un clásico y los clásicos no son un partido más. Jugar un partido así frente a tu clásico rival
es impresionante.

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¿Cuál es el sentimiento de un jugador de Boca de cara a un partido contra River?
Es una responsabilidad enorme, como jugar acá en Barcelona. Boca es un monstruo. O sales primero o sales último, dicen. ‘Segundos son las gallinas, los de River’, me decían. Es difícil. La presión te come y si no tienes suficiente carácter
para evadirla al ver 50.000 personas gritándote (la capacidad de La Bombonera), es difícil. No cualquiera se pone la camiseta de Boca y triunfa. Han pasado varios y han fracasado muchos, pese a ser muy buenos jugadores. Pasa igual en Barcelona. Es difícil jugar en estos equipos, a diferencia de otros. La presión es tremenda y por eso quizás buenos jugadores no cumplen las expectativas. Boca tiene la presión de ganar, ganar, ganar, ganar... ¿Si ganas? Vuelve
a ganar. No hay margen de error.

¿Qué pasa por la cabeza de un jugador de Boca antes de un superclásico?
De un clásico como este se habla toda una semana previa y después se sigue hablando diez días más. Acababa el partido previo y ya nos poníamos a pensar en el clásico. Es único jugar un Boca-River en el mundo, más pasional que el Barça-Madrid. Veíamos con mucha ilusión ganarlo, pero entrenábamos como siempre, tratando de estar tranquilos. A la hora
del clásico, lo jugábamos con mucha personalidad. Desde que termina el anterior partido, uno piensa solo
en ganar el clásico. Todos esperábamos el día del juego.

¿Qué les aconsejaría a los futbolistas xeneizes?
Que este juego hay que enfrentarlo como todos los partidos. Desde amateur, yo quería jugar bien y ganar todos los partidos. Esta es una final que hay que afrontar como cualquier otro partido, pero que tiene distintas características. Uno se prepara con un extra. Los técnicos y la gente no te motiva; la motivación viene sola.

¿Cuánto pesa la historia en un duelo como este?
Yo jugué muchos clásicos en Argentina, Colombia (con Millonarios), Ecuador, Chile (con Cobreloa) y España (con Elche). No hay favoritos. Cuando uno viene bien, el otro gana; es un partido aparte y especial por eso mismo. La historia y los antecedentes no cuentan en un clásico. Quien pronostica es porque nunca ha jugado un clásico ni lo
ha visto. La historia y los antecedentes no cuentan.

¿Cómo ve el rendimiento de ambos elencos ahora?
Si me das a elegir, creo que River tiene mejor juego interior, en el medio campo, toca mejor la pelota; pero Boca tiene más gol, con jugadores como Darío Benedetto, Carlos Tévez, (Ramón) Wanchope Ábila. Está parejo. Sin embargo, creo que River tiene un poco más de ventaja porque se le ve mejor en el medio campo. Boca es más por individualidades.

¿Cuánto influye que ambos técnicos (Marcelo Gallardo y Guillermo Barros) hayan sido referentes como jugadores en los mismos clubes que ahora dirigen?
Son buenos técnicos. Gallardo es muy táctico, más estratega, sabe cambiar de posición a los jugadores. Guillermo tiene una idea fija y así ha ganado campeonatos argentinos (2017, 2018). Pero ahora pesan cosas más allá de la táctica:
el corazón, el orgullo, la entrega. Son ídolos de ambos equipos y eso hace que la hinchada los respalde mucho.

¿Qué opina de que no se haya permitido el ingreso a hinchadas visitantes en estas finales de Copa?
No me gusta para nada. La fiesta del fútbol debe ser una fiesta, con hinchadas de ambos lados. Siempre fue así, siempre lo jugué así. Los clásicos eran con hinchadas de Boca y River en La Bombonera y en el Monumental. Por los problemas sociales que hay se juega así, pero lo normal es que los clásicos se jueguen con ambas hinchadas y que la gente pueda verlo. El folclore del fútbol es que te cargues al (hincha) contrario y si pierdes tienes que aguantarlo; si ganas lo cargas, y ahí nomás. Pero se han tomado la cosa a pecho y ha ido para mal en toda Sudamérica. No se ha cortado eso. Me da un sabor amargo. La enemistad es futbolística; debería ser una fiesta. El fútbol es una alegría que hay que compartir. Pero la violencia se ha impuesto en Sudamérica y llegó al fútbol.

¿Qué superclásico, de los que jugó, recuerda más?
El que más recuerdo es el primero que jugué, en 1974. Jugamos en la cancha de Boca, que había comprado a un número 9 de Chacarita Juniors, (Carlos) García Cambón. Lo ganamos 5-2 en La Bombonera y García Cambón hizo cuatro goles (también en su debut) en el clásico a (Ubaldo) Fillol. (D)

Yo me ponía nervioso antes de empezar el partido (superclásico), pero una vez en la cancha me olvidaba de todo y solo quería ganar. Mi entera concentración estaba en vencer (ante River)Marcelo Trobbiani, exvolante de Boca Juniors