Fue un gran jugador y líder en las canchas, brillante cuando expone temas futbolísticos, enamorado de la disciplina, riguroso en las unidades de trabajo en las etapas formativas y competitivas, crítico con severos análisis. Fabricó su personalidad y desarrolló su etapa de deportista con las enseñanzas de buenos técnicos.

Manejó el tiempo prudente en su retiro, vistió diversas camisetas de equipos gloriosos, entre los que se destacan el ídolo Barcelona, la Tri, y en 1979 integró la selección de América en un partido desarrollado en Brasil. En su posición de defensa demostró ser uno de los mejores marcadores en Sudamérica.

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Entablar una tertulia con Flavio es enriquecerse de términos evolutivos del balompié y se aprende cómo llevar una sesión de entrenamiento por edades. Hay que darle las gracias por sus verticales conceptos.

Estando en la arena como entrenador, Flavio escribió un libro, Sílabos del fútbol, en el que confirma su experiencia y propone programas que, bien aplicados y evaluados, pone a los deportistas y conjuntos a soñar y subir al podio de los ganadores. Sus clases paso a paso son descritas en ese texto publicado, que debe estar en nuestras bibliotecas.

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Un magnífico trabajo teórico-práctico que será recibido por quienes están inmersos en los cuerpos técnicos, por quienes utilizan las ciencias aplicadas al deporte, los comunicadores de diversos medios, los que caminan en el campo de la dirigencia y los que transitan en este popular deporte ecuménico.

Al leer la obra de Flavio, hemos tratado de precisar páginas que destaquen y encontramos que todas las 139 hojas acumulan soberbias exposiciones que conducen a un libro ejemplar dentro del campo del fútbol.

Es una obra escrita por un exdeportista lleno de gloria y aún más, de nacimiento ecuatoriano, lo que llena de pleitesía a esta a querida patria: Ecuador.