Aleyda Quevedo está con ganas de hablar. Con las mismas ganas que le pone a su poesía y a la defensa de su campo: el erotismo. Llega, toma un sorbo de café y se acomoda en un amplio sofá. Pasa sus manos por su negro cabello, se descubre el rostro y sonríe con franqueza. Su imagen se ilumina cuando habla de su última creación: La otra, la misma de Dios, una obra que le está llenando de satisfacciones. “La obra ha sido bien acogida. Se ha vendido bastante para el poco tiempo que está en circulación (dos meses)”, dice mientras se apura contando que ahora van con el libro al Festival de Poesía de Nicaragua (en febrero), luego al de Venezuela (en marzo) y posteriormente al de Colombia (en mayo), agenda “muy satisfactoria para un libro de poesía. Y dicen que la poesía no vende”, afirma. Aleyda Quevedo insiste en que sí hay lectores de poesía, aunque estos no serán por millones, “pero nunca se quedan indiferentes”.

¿Es un mito decir que los libros de poesía no se venden?
Bueno, el número de libros de poesía que se edita es pequeño si se compara con los de novela. Pero en el caso de este libro, se hizo una edición para Ecuador y en junio de este año se editará para el público mexicano.

Publicidad

¿A qué atribuye el éxito de esta obra?
Creo que hay una especie de necesidad de regresar a leer poesía. Más allá de la poesía erótica, o de la guerra o política hay la necesidad de los lectores de volcarse a la poesía. En estos tiempos difíciles, creo que la poesía es un arte que condensa muchísimas formas de explicar la realidad. En la poesía se pueden encontrar muchas respuestas que ni la política ni el periodismo ni la filosofía les pueden dar. Por supuesto, que los temas eróticos y el amoroso interesan a todo el mundo. Es una preocupación constante.

¿Y es porque en estos tiempos se habla abiertamente de estos temas?
Pero a pesar de los nuevos tiempos este libro sigue siendo muy irreverente para el contexto ecuatoriano. Y creo que es porque el libro trata del ejercicio pleno de la libertad, de una mujer que se conoce a sí misma, que se puede poner muchas máscaras, que se reinventa y que podría tomar un discurso que muchas veces está pensado por un hombre. Y ese camino es el que siempre he estado intentando. Pero en este libro se ven cambios con relación a sus libros anteriores... Creo que se va alcanzado una madurez. Sería el colmo que con el pasar de los años me hago más vieja y que no mejore (risas...).

Publicidad

¿Y le gusta este cambio?
Me gusta porque siento que la madurez es una posibilidad de apoderarse del conocimiento. Así como el erotismo permite un acceso al conocimiento. Creo que el paso de los años y el saber asimilarlos sin vanidades, sin egos, con una especie de preparación espiritual, sobre todo para las mujeres, en una sociedad en la que nos exige estar flacas, bellas y todo eso... realmente la madurez permite ver de otra manera el amor, la realización de tu pareja, con los hijos, el trabajo. La madurez es una etapa superplena.

¿Y esa madurez no lleva a realizar una poesía más seria a diferencia de la juvenil que es más alegre?
No creo. Hay poetas de la tercera edad que escriben con una vitalidad impresionante en sus poemas. Muchos tienen esa libertad y esa ligereza que podría ser de la juventud, pero también esa maravilla de la palabra exacta que solo te la puede dar la madurez, el paso de los años, las lecturas, los viajes, el conocimiento. Y por otro lado está el humor que se tiene a toda edad.

¿En su caso sería humor y erotismo?
Sí. Yo estoy comenzado a escribir un libro con humor y erotismo. Por primera vez hago un juego con el humor. Me burlo mucho de la vida conyugal. Tengo un largo matrimonio de 22 años y esto es una rareza en el mundo de los escritores y del arte.

¿Y ese libro será parte de esa vivencia?
De alguna manera, todos los libros son en algún momento autobiográficos. Si tú no tienes una experiencia de vida no la puedes volcar en las letras y no puedes contárselas a las otras personas. Y el libro que estoy escribiendo, en muchas zonas, es autobiográfico.

¿Y cómo explicar aquello que se dice que como los sacerdotes no se han casado no podrían hablar de esa experiencia?
Una cosa es que los sacerdotes no se hayan casado y otra es que no amen. Creo que la relación que ellos tienen de este mundo sagrado, de este conectarse con Dios, esto de amar a la naturaleza, amar al prójimo es de todo tipo de personas. Creo que ellos deben tener muchos sueños eróticos porque sino no serían seres humanos. El tema del erotismo es constante en todos mis libros porque creo que el amor erótico y la sexualidad mueve montañas y es casi tan importante como el poder político. Un ser humano no puede ser absolutamente completo y total si no se ha realizado en esa parte.

¿Cómo se sentiría si alguien por la calle le dice allá va la poeta erótica?
Jajajajaja. No me sentiría mal; me sentiría mal si, por ejemplo, alguien que haya leído un poema mío no se acuerde de ese poema. He escrito poemas sobre la muerte, la resurrección, la enfermedad y la gente no me identifica por esos poemas.

¿El poner a Dios en sus poemas eróticos es el erotismo sagrado?
El erotismo sagrado es una sección muy importante dentro del libro La otra, La misma de Dios. Es la sección más ambiciosa y la más compleja. Al hablar del amor erótico sagrado estamos entrando en una dimensión donde está la profundidad de la fe que uno tiene en la pasión y en el amor. Yo trato de poner una comunicación con este dios que puede ser Alá, Buda, Jehová... pero que es un ser supremo con el que puedes preguntarte quién soy, qué hago en este mundo, por qué sufro por amor, por la pérdida de la inocencia, por la pérdida de un ser querido. Y el libro es irreverente por todo esto...