Aleyda Quevedo está con ganas de hablar. Con las mismas ganas que le pone a su poesía y a la defensa de su campo: el erotismo. Llega, toma un sorbo de café y se acomoda en un amplio sofá. Pasa sus manos por su negro cabello, se descubre el rostro y sonríe con franqueza. Su imagen se ilumina cuando habla de su última creación: La otra, la misma de Dios, una obra que le está llenando de satisfacciones. “La obra ha sido bien acogida. Se ha vendido bastante para el poco tiempo que está en circulación (dos meses)”, dice mientras se apura contando que ahora van con el libro al Festival de Poesía de Nicaragua (en febrero), luego al de Venezuela (en marzo) y posteriormente al de Colombia (en mayo), agenda “muy satisfactoria para un libro de poesía. Y dicen que la poesía no vende”, afirma. Aleyda Quevedo insiste en que sí hay lectores de poesía, aunque estos no serán por millones, “pero nunca se quedan indiferentes”.