Hace unas décadas se acuñó la expresión “revolución verde” para significar procedimientos agrícolas cuyo objetivo era aumentar significativamente la productividad de alimentos como una medida para combatir la desnutrición, en especial de los niños del tercer mundo. En forma semejante, ahora se ha acuñado la expresión “revolución azul alimentaria” para aquella que intenta cubrir parte del déficit proteico actual y sobre todo de los próximos años, mediante la producción de los mares.

La población humana mundial se acerca a los 7 mil millones y se calcula que para el año 2050 estará bordeando los 9 mil trescientos millones. En términos de proteínas, los alimentos vegetales contribuyen con cerca de 60%, los animales con el 30% y los de la acuacultura con el 7%. Para cubrir las enormes necesidades de la población del año 2050 se necesitaría un incremento entre el 50% al 70%, de las proteínas, pero ya no hay (ni habrá) tierras disponibles para tal aumento de la producción.

La agricultura, pese a la revolución verde y a todas las medidas que se han adoptado, crece apenas un 2% por año. Para peor, fue exitosa solo al inicio, pero después ha dado resultados negativos.

De la producción por acuacultura, en especial pescados y mariscos, Asia contribuye con el 90%, Europa y las Américas con el 9% y África con cerca del 2%.

En contraste con la agricultura, los inmensos mares pudieran convertirse en abundantísimos productores de proteínas. En la actualidad se especula acerca de algo que fue aprobado a regañadientes por algunas grandes potencias, la llamada “zona económica exclusiva” de 200 millas mar adentro, zona que pudiera ser utilizada para la producción oceánica. Solo Estados Unidos, entre Alaska, sus playas en el continente y en las islas, alcanza cerca de tres y medio millones de millas cuadradas.

Quienes impulsan la revolución azul, mencionan varias ventajas, frente al aumento probable de alimentos, por la agricultura, de solo 25%, que no sería suficiente. En cambio, la producción en el mar estaría entre el 50 y el 70%, de acuerdo a las condiciones actuales de producción. Luego, la agricultura ha transformado el 40% de la superficie terrestre y ya no existe suficiente tierra para el necesario aumento. En fin, la producción ganadera, porcina y de aves, consume más del 40% del agua disponible y es responsable del aumento de la polución. La producción de carne animal representa solo el 3,5% del total de alimentos pero consume el 45% del agua que requiere la agricultura. Extraordinario despropósito: el consumo de esta carne, en particular por la población de los países ricos, sigue aumentando mientras la disponibilidad de agua para la agricultura está llegando al tope.

El proyecto de la revolución azul es, aprovechando de las 200 millas marinas, construir vastos tanques que se asienten en el fondo del mar y que puedan ser debidamente controlados. Su producción sería limpia, incontaminada. Desafortunadamente, requeriría de grandes inversiones que solo los países más ricos podrían efectuar.