“Los Tzántzicos aparecieron cuando en el Ecuador se había pasado de la literatura de la miseria a la miseria de la literatura”. Esta frase reza en el libro Entre la ira y la esperanza, del fallecido ensayista ecuatoriano Agustín Cueva, quien, al igual que varios jóvenes de los sesenta, fue miembro de los Tzántzicos, movimiento cultural que surgió en Quito con el objetivo de revolucionar la educación y cultura de esa época.

Un día de agosto de 1962, los universitarios Alfonso Murriagui, Simón Corral, Teodoro Murillo, Euler Granda y Ulises Estrella tuvieron la iniciativa de hacer algo en favor de la cultura de Quito. Firmaron el primer manifiesto tzántzico, en el cual ellos expresaban su desacuerdo ante lo que llamaban la “escoria literaria” de la época, y además proponían un cambio.

Bautizaron al grupo Tzántzicos, tomando ese nombre de los indígenas shuar, que significa “reductores de cabeza”.

Según Estrella, fue una forma metafórica para “cortar cabeza a la literatura que estaba estancada, a los escritores que no avanzaban en su forma expresiva y se habían quedado estancados en la parte modélica del realismo de denuncia”.

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Al instante, para plasmar sus ideas, crearon una revista, titulada Pucuna. En sus páginas se escribirían los pensamientos de los jóvenes estudiantes y también de figuras de la intelectualidad ecuatoriana, entre ellas Bolívar Echeverría (+), Jorge Enrique Adoum (+) y Rafael Díaz Ycaza. El nombre de la revista provino nuevamente de la lengua shuar, tomado de la cerbatana con la cual ese grupo lanzaba a los hombres sus dardos envenenados, para luego reducir sus cabezas.

Durante los ocho años que duró el grupo Tzántzicos (1962-1968), salieron nueve números de Pucuna, que ahora fueron recopilados en una edición facsimilar que este martes se presentará en la Casa de la Cultura Ecuatoriana, en Quito.

Esta publicación fue financiada por la Secretaría Técnica del Consejo Nacional de Cultura, y editada por Tallpa, bajo el cuidado del poeta Raúl Arias.

En la ceremonia también se estrenará un documental con entrevistas realizadas a los poetas tzántzicos, entre ellos Arias, quien indica que el surgimiento de la revista dio un giro trascendental al arte y a la cultura no solo de Quito, sino también del Ecuador y, a su criterio, de varios países de América.

“En Pucuna se rompieron algunos tabúes de la imaginación que estaban intactos antes de nuestra llegada, como la corriente de la poesía. Con la revista deslumbramos la utopía colectiva y lanzamos la piedra en el agua social estancada”, manifiesta el poeta.

Además de la revista, otro de los aportes que hizo el grupo a la cultura, según Estrella, fue el intercambio de escritores internacionales. Los Tzántzicos se vincularon con los Nadaístas de Colombia, el grupo Techo de la ballena de Venezuela, El corno emplumado de México, Airón de Argentina, entre otros.

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Crearon, en 1964, la Asociación de Escritores y Artistas Jóvenes del Ecuador. “Tuvimos hasta 300 miembros en todo el país, fue una necesidad para los intelectuales”, afirma Estrella.

Los Tzántzicos también removieron el ambiente cultural. En varios lugares de Quito, en especial en la Universidad Central del Ecuador, declamaban poemas entre decenas de personas. Estas actividades también las llevaron a otras partes del Ecuador.

Humberto Vinueza, otro de los miembros del movimiento, afirma que el “tzantzismo” constituyó un remezón contra los poderes culturales. “Fue una forma de estar contra una actitud y una manera de actuar, a veces expresada apenas con un gesto anárquico, un manotón antirretórico”, sostiene.

En los sesenta, cuenta Vinueza, los Tzántzicos marcaron el rumbo hacia la novedad histórica del momento y encarnaron los distintos sentidos de la poesía y de las artes.

“La importancia de los Tzántzicos se refleja en la exigencia permanente de autoestima, de rigor en la búsqueda de las nuevas formas, de irreverencia frente a los prestigios semióticos, como recurso para recuperar la dignidad”, dice Vinueza.

Por estas razones, los Tzántzicos consideran meritoria la reedición de los nueve números de Pucuna. “La edición no significa un rescate arqueológico, sino más bien un acto de justicia de la memoria histórica. Si no tenemos una memoria de algo que ha pasado, nos vamos a olvidar del mismo”, asegura Arias.

“Esta reedición significa la evidencia de que algo importante ocurrió en la elaboración de esas páginas”, acota Vinueza.

Apuntes
La presentación de la edición facsimilar de la revista Pucuna se efectuará este martes a las 19:00 en la sala Alfredo Pareja de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión, en la av. 6 de Diciembre, N° 16-224.