Susana Rinaldi apareció en una época crucial para el tango en Argentina. Cantante con una trayectoria previa en actuación en teatro y televisión, llegó a los escenarios a mediados de los sesenta a renovar este género que estaba padeciendo de la apatía del público.

Esta mujer altiva, de carácter tan fuerte como su voz, apasionada e histriónica en su estilo de interpretar las canciones, se ganó poco a poco la aceptación de un público joven que asistía a los café concerts. Para la Tana (que significa natural de Italia), apodada así por su padre, un migrante italiano, el tango es una manera de sentir y de vivir y tiene que ver con los sentimientos, asegura.

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Rinaldi pertenece a un grupo de grandes innovadores, como Astor Piazzola y Julio Sosa, quienes dieron nuevos aires al tango, pero para lograrlo debieron acallar con su talento a los tangueros ortodoxos que rechazaban los cambios, aun más la Tana, que además era víctima del machismo y acusaciones de cantar por esnobismo, es decir, por figurar.

Nació el 25 de diciembre de 1935 en el barrio Caballito, de Buenos Aires. Estudió música en el Conservatorio Nacional de Música. De repente llegó una pequeña compañía llamada Madrigal con la propuesta de grabar un disco, debía recitar la letra de los grandes compositores del tango, pero ella propuso que fuera cantado. Se tituló Mi voz y mi ciudad, con el que ya marcaba un estilo diferente.

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Fue con ese disco con el que se presentó en la galería de un amigo, a manera de juego, durante una fiesta de disfraces; pero muchos empezaron a preguntar por ella, así que inició sus shows de forma regular en este espacio. Su carrera definitivamente se inició en 1967 cantando en La Botica del Ángel, un bar para espectáculos.

Desde el principio puso extremo cuidado en la selección de los temas a cantar; se proponía desterrar el sexismo que era recurrente en las letras tradicionales. Para las mujeres solo había dos roles, dice la Tana: de “atorranta o sometida”.

Sobre esto, Piazzola expresó en algún momento: “El verdadero cambio en la historia del tango lo produce la mujer con su entrada como autora y compositora”.

Interpretó los temas de la también cantante y compositora Eladia Blázquez y los escritores Homero Manzi, Cántulo Castillo, Enrique Santos Discépolo, el creador de la famosa canción Uno. Estos se refieren con cariño y añoranza hacia Argentina y su querido Buenos Aires, los barrios donde se criaron, los amores; muchos con mensaje esperanzador y a la vez con contenido social.

En 1973 arrancó junto con otras dos grandes cantantes de tango, Amelita Baltar y Marikena Monti, las presentaciones de Tres mujeres para el show, un espectáculo con un éxito tremendo. Fueron seis meses a lleno total de martes a domingo, “luego eran de lunes a lunes”, recordaba la Tana.

Estas funciones, que se daban en un bar de la capital, fueron tarima a su vez para que las tres mujeres de caracteres muy distintos, pero igual de valientes, expresaran sus opiniones sobre denuncias de autoritarismo y represión, en momentos de convulsión política y la creación de grupos parapoliciales como Triple A, cuando la vicepresidenta Isabel Perón asumió el gobierno por la muerte de su esposo Juan Domingo Perón en 1974 y quien luego fue derrocada por un golpe militar dirigido por el general Jorge Videla en 1976.

Rinaldi debió huir en el 76 por las constantes amenazas de la Triple A. Se radicó en París hasta 1979. En calidad de autoexiliada tuvo el reconocimiento de la sociedad internacional, más aún porque fue auspiciada por otro argentino: Julio Cortázar, que aseguraba ser un fan de la Tana. Cortázar incluso le dedicó unos versos: “No sé lo que hay detrás de tu voz./ Nunca te vi, vos sos los discos/ que pueblan por la noche este departamento de París”. Y luego la llamó “una de las mejores cantantes de su tiempo”.

En Francia, reconoce, tuvo el apoyo que no logró en Argentina, y su éxito posterior, ha dicho, se lo debe a ese país. Viajó constantemente llevando sus shows a varios países de Europa, donde fue declarada huésped ilustre. Se radicó algunos años en Italia. La Unesco la nombró Embajadora de Buena Voluntad en 1983.

En sus 43 años de trayectoria la Tana ha lanzado más de 38 discos, entre ellos los homenajes al compositor Homero Manzi (1969) y otro a Cántulo Castillo (1974), Mujer de tango (1968). En otros más recientes, como Experimentango (2004), incursiona en la mezcla de los temas clásicos como El choclo, Mi Buenos Aires querido, El día que me quieras, La cumparsita, con música electrónica.

Presentó después el disco En el Underground (2007), sobre el que comentó: “En estos tiempos en que la industria discográfica se fue al cuerno, hacer este disco es casi una osadía”.

A lo largo de su trayectoria ha alcanzado decenas de reconocimientos en su país y fuera de este. Ahora ocupa la segunda vicepresidencia del AADI, la Asociación Argentina de Intérpretes, que busca proteger los derechos de autor. Es maestra de música y, por supuesto, siempre cantante del tango que tanto ama.