EFE
Madrid.- Miguel Ríos llevó a Madrid su gira de despedida Bye, bye, Ríos. Rock hasta el final, una fiesta a la que se sumaron, entre otros, los músicos españoles Ana Belén, Amaral, Carlos Tarque y Rosendo, quienes acompañaron al legendario músico granadino en el primero de los dos conciertos programados en el Palacio de los Deportes de la capital de España.

Miguel Ríos aprovechó su primera cita de las dos programadas en Madrid para recoger lo mejor de un repertorio donde el único protagonista es el rock en estado puro.

Con todas las entradas vendidas desde hace tiempo se presentó un pletórico Miguel Ríos, quien arrancó con Los marginados del rock para delirio de las 15.000 almas congregadas en Madrid. Pero fue con Memorias de la carretera y Bienvenidos cuando definitivamente el artista supo que esta noche pasaría a la historia.

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Muchos fueron los músicos que formaron parte de la despedida del cantante, quien invitó en primer lugar al guitarrista Jorge Salán para interpretar Generación límite.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con Cosas que debo a Madrid, una composición perteneciente al disco 60 mp3. Ríos recordó que aquel proyecto nació de la colaboración del productor John Parsons y el poeta granadino Luis García Montero.

El artista dedicó a su ciudad natal Vuelvo a Granada, una canción que estuvo acompañada por distintas proyecciones en blanco y negro que hacían referencia a la juventud del 'rey del twist'. Como es habitual, Miguel Ríos se ganó al auditorio con sus arengas y provocaciones. "Parecéis de Copenhague o de Helsinki", bromeó el cantante, quien afirmó que "ni en sueños" había imaginado una respuesta así por parte del público.

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Otra de las grandes ovaciones de la noche se la llevó Ana Belén, quien compartió El río con un Miguel Ríos que poco antes había explicado que tenía "una relación con la artista desde que era muy pequeña" pero que no era algo "como lo de Sánchez Dragó", apuntó mientras se desataban las risas en el recinto madrileño.

La reina del keroseno es la canción preferida de la banda que acompaña en esta "minigira" a Miguel Ríos, según informó él mismo. En total son ocho músicos donde destacan el pianista Luis Prado (del grupo Sr. Mostaza) y el guitarrista José Nortes.

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Ríos llamó al grupo Gold Lake para interpretar Un caballo llamado muerte. "De todos los que están hoy conmigo ellos son los más cercanos a mi corazón", aseguró el cantante, mientras subían al escenario los dos integrantes de esta formación 'indie'.

Amaral, que recientemente acaba de conseguir el Premio Nacional de Músicas Actuales, concedido por el Ministerio de Cultura, tampoco quiso perder su ocasión de rendir tributo a Ríos. Al sur de Granada fue la pieza escogida para un dueto que representa el pasado, el presente y el futuro de la música española.

Algo parecido ocurrió con Carlos Tarque (M Clan), quien según Miguel Ríos "es la persona que mejor canta rock en este país". La belleza de Santa Lucía transportó al público al terreno de ambos músicos, quienes interpretaron este clásico para "un público que ya querría el Papa", afirmó Ríos.

Rosendo fue el último de los colaboradores que participaron en la despedida del cantante, quien aseguró que el artista madrileño "es el único mercado honrado que hay en la tierra". Maneras de vivir fue el último tema antes del apoteósico fin de fiesta que tuvo lugar en Madrid, una celebración que se completó con Bye, bye, Ríos, una canción autobiográfica que recoge tantos años en la carretera que ahora llegan a su fin.

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Por último y tras aproximadamente dos horas y media de actuación, llegó El himno a la alegría, una obra de arte de Beethoven que Miguel Ríos convirtió en una de las canciones más emotivas de la historia de la música española.

El cantante tenía previsto ofrecer ayer en el mismo lugar el segundo concierto con el que finalmente se despediría de Madrid, una ciudad que se rindió al encanto rockero de Ríos.