El día jueves 30 de septiembre -30-S para la historia twittera- después de que todo acabó, me llegó un último mensaje por twitter: “No quiero dormir, no quiero q se acabe este día! Porque sé que mañana nadie se acordará”. Lo que vivimos no puede perderse en el vértigo de lo inmediato, desaparecer entre los problemas del día a día o los nuevos gritos de batalla. Desde la perspectiva del manejo de la información y uso de medios de comunicación, hay un análisis que hacer, aquí van unas primeras reflexiones.

El estado de excepción permite al gobierno suspender o limitar el derecho a la información y disponer la censura previa de los medios de comunicación social con estricta relación a los motivos del estado de excepción y a la seguridad del Estado. La cadena nacional obligatoria e ininterrumpida se hizo efectiva a partir de un oficio enviado a los gerentes de estaciones de radio y televisión a las 13:00. Desde ese momento, la única fuente de información masiva fue la señal emitida por el canal público.

En términos generales, una decisión así puede ser justificada ante el temor o riesgo de que los medios centren la atención sobre temas que, respondiendo a intereses, marquen una agenda que atente contra la seguridad del Estado. Sin embargo, en lugar de garantizar la estabilidad a través de noticias pertinentes y oportunas, la carencia de información y una evidente intención comunicacional manifiesta en la señal emitida a través del canal estatal, obligó a que aparecieran otras fuentes, independientes, que vía medios digitales fueron narrando y mostrando lo que la señal en cadena no decía, demostrándose que la censura no solo se había transformado en un atentado contra la libertad de expresión, sino que se asentaba como una estrategia de manipulación ideológica y no como un recurso para garantizar el bien común.

Twitter
Es ingenuo pensar que en estos tiempos se podrá controlar el acceso total a la información. Ante un notorio silencio sobre los hechos, y la búsqueda de otras fuentes, Twitter se transformó en el gran protagonista.

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Decenas de periodistas y civiles ubicados en lugares estratégicos, desde las calles o escondidos en baños del hospital, comenzaron a enviar datos, fotos y videos que informaban sobre los hechos que la televisión callaba, vinculados a la situación del Presidente y a la feroz ola criminal por la que atravesaba el país. También se convirtió en un punto de referencia para la seguridad, con twitteros indicando durante todo el día las zonas donde se estaban cometiendo asaltos, las calles cerradas, los espacios inseguros y las vías para la libre circulación. Ningún canal oficial se concentró en lo que los ciudadanos necesitaban; internet y los teléfonos celulares fueron el medio por el cual circuló la información que ayudó a entender el porqué de lo que se vivía, saber cómo se estaba viviendo y poder tomar decisiones en ese momento de crisis. Lástima que solo un puñado de ciudadanos tienen acceso a ellos.

El canal público
Mientras tanto, la cadena no disimulaba sus intenciones. Muy poca información, muchas opiniones y un falso discurso de seguridad. Se concentró en la construcción de un relato que se fue estructurando desde distintos frentes para sostener la posición de un golpe de estado y reforzar una imagen victimizada y heroica del Presidente, manejando la repetición de escenas y grabaciones telefónicas del Presidente, cuidadosamente seleccionadas. La información fue secuestrada por la propaganda.

La falta de preparación para resolver o manejar situaciones de crisis por parte de la señal única, quedó expuesta. No hubo información oportuna. Se armó una estructura viciosa de manejo de material de archivo. Se estructuró un escenario de alabanzas al Presidente y su obra (“solo falta que aparezca el Chef Belga”, comentó un twittero). Se sesgó la opinión, e incluso se tuvo el descaro de denunciar un atentado a la libertad de expresión cuando supuestamente la policía quería cortar su señal. (Descarado, si se compara con el silenciamiento de todos los demás canales y radios)

La mayor sintonía, previa a la triste balacera, debe haber sido una escena robada de un guión de Almodóvar. Cuando los conductores empezaron a informar sobre la irrupción de un grupo vandálico al canal, iban contando con nerviosismo cómo avanzaban por las instalaciones causando destrozos y atacando a los funcionarios hasta llegar al control máster. Ahí, finalmente las tomas mostraron a un grupo de ciudadanos que, rompiendo una puerta de vidrio entran al lobby y se quedan dando vueltas, un grupo de ellos llega al set, y en lugar de provocarse una batalla histérica, de pronto el conductor estaba entrevistando a uno de los invasores, que agradecía el espacio.

Era una estudiante de derecho quiteña, María Alejandra Cevallos, quien con un discurso sereno y muy bien articulado, hizo un reclamo al Presidente por romper los acuerdos con los vetos, y por botar a la basura en 3 días el trabajo de todo un año. “Si los policías salieron a protestar, es que están inconformes. Es gente como nosotros. No venimos a matar solo quiero decir que también estoy cansada”. En ese momento algunos recordamos que justamente, la televisión pública es el espacio para la pluralidad y la diversidad que constituye una nación. La presencia pública, el espacio de representación legítimo de las diversas posturas tuvo que darse a la fuerza. No es justificable la forma, pero es legítimo el fin, expresarse como ciudadano en el espacio que le corresponde como ciudadano, el canal público.

Manejo de la información
Informar es dar forma, construir una realidad a partir de una organización de elementos dispersos procedentes del entorno. Para hacerlo hay que definir un criterio que le dé forma y sentido. El efecto puede ser movilizador o pasivo, puede impulsar a la acción o a la contemplación. La cadena, mientras repetía el ritual mártir/heroico del que ofrece la vida por una causa. Ocultó cualquier posible lectura del contexto. Una sola mirada, repetida hasta el cansancio, fortalecida por los resultados de su misma construcción: las muestras de apoyo de personajes internacionales, y fanáticos discursos locales de apoyo al Presidente y su obra.

Esta declaración ideológica llevó a que aparecieran numerosos llamados efusivos, entre ellos el de un importante funcionario del Gobierno, para que la gente participara en el rescate de su Presidente. Hay en eso una evidente intención de movilización bajo la idea de rescate, eso ya implica una consecuencia. Rescate es confrontación. Entonces, cuál es la idea de una cadena en Estado de Excepción, provocar y combatir o salvaguardar el estado de derecho y la seguridad.

El final
Lo que vino a continuación fue triste y demoledor. El sonido de las balas. El combate. El hombre caído. La locución de los periodistas en terreno. Nada puede justificar lo que sucedió. Después del dramático rescate, corte al Palacio de Carondelet, donde un montón de tipos y ministros con banderas, celebrando y cantando, vitoreaban al Presidente. Teleamazonas mantenía la pantalla dividida entre el festejo, y la balacera que aún continuaba. No había nada que celebrar. Y mientras escuchaba al Presidente diciendo: “Hemos salido con la frente muy en alto. Gracias a todos aquellos que arriesgaron la vida por el presidente”, pensaba en la penosa autorreferencia de este señor, su gobierno, su canal y sus cadenas. Allá cayeron un par, en Guayaquil, durante todo el día hubo asaltos, heridos, muertes, dolor y pánico. El jueves nadie ganó. Todos salimos derrotados, y no hay que olvidarlo.