El poeta y catedrático tungurahuense Julio Pazos Barrera, de 66 años, fue el ganador del Premio Nacional Eugenio Espejo 2010, en Actividades Literarias, un reconocimiento a la trayectoria y al aporte a la cultura nacional. Pazos Barrera, quien comenzó a escribir desde temprana edad, cuando estudiaba en su natal Baños de Agua Santa y cumple más de 40 años como maestro de Literatura, señala que nunca se granjeó un premio y que sus trabajos fueron presentados por personas que han valorado sus diversas obras. El Espejo consiste en una medalla, un cheque por 10 mil dólares y una pensión vitalicia de cinco salarios básicos mensuales.
¿Qué significa este premio para usted?
Estuve presente en la primera vez que se entregó el premio a Benjamín Carrión. Yo era muy joven y pertenecía a la Casa de la Cultura. En aquel entonces fue con un decreto del gobierno militar. Los nombramientos y las invitaciones del Gobierno no podían ser rechazadas, porque se perdían los derechos de ciudadanía. Sin embargo de ese detalle, ese acto nos pareció a todos que era muy justo para Benjamín Carrión. En esa vez fue un solo premio; ahora hay varias categorías. En ese entonces se decía que ese premio era una especie de despedida (ríe).
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¿Y usted está despidiéndose?
No, no lo tomo así. ¡No estoy enfermo!, aunque puede haber un accidente; uno no es dueño de la vida; el dueño de la vida está en el cielo.
Aparte de su trayectoria, usted tiene un ángel especial como literato...
Siempre he dicho esto, aunque para el poeta lírico la racionalización no está muy clara. Hay un lingüista que dice que la mentalidad del poeta lírico es metafórica y que la de un narrador, escritor de novelas, es continuada, no metafórica.
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Pero lo metafórico también es hermoso, ¿o no?
Bueno, esto digo por decir lo que dice un lingüista, pero mi experiencia poética lírica es la experiencia de mi vida; no tengo otra opción. Mi carrera, con la que he vivido, está íntimamente ligada con la poesía. Toda mi vida he sido maestro de Literatura. No he salido de este campo, aunque tuve alguna experiencia en tareas no involucradas con la literatura y la poesía, pero nada más.
A sus 66 años de edad, ¿en qué parte de su trayectoria profesional se encuentra?
Creo que no hay límite. El arte de la poesía es muy complejo y uno tiene que irle ganando día a día, mientras tiene las facultades. Uno puede vivir poéticamente que es lo que a mí me ocurre y otra cosa es poner por escrito esa experiencia. Siempre recuerdo al patrono de los poetas en lenguas españolas, San Juan de la Cruz, quien dijo: No solo inspiración, también transpiración, porque el trabajo con la lengua es complicado. Es difícil poner en una lengua las experiencias intangibles. Es difícil lograr que el lenguaje de la poesía provoque en el lector una gran experiencia. Cuando el lector lee, cree que eso que lee le ha sucedido a él. El don del texto artístico es que cuando el lector lea se emocione y piense que está viviendo eso.
Una pregunta con lugar común incluido, ¿el poeta nace o se hace?
Las dos cosas. Habrá poetas que nacieron y luego lo dejaron, pero todo esto tiene un horizonte amplio y tiene que ver con muchos factores.
Y en su caso, ¿nació o se hizo?
Creo que nací y me hice, porque comencé a escribir desde la escuela. Yo veía en los libros de lectura que se podía escribir en renglones cortos y todo lo escribía así.
¿Qué tipo de cosas escribía?
Tuve un profesor, el señor Vayas, que leía con mucha devoción a Juan Montalvo. Y en Baños (Tungurahua), de donde vengo, hay cierta veneración por Montalvo. El profesor siempre nos hacía leer un párrafo de Montalvo todos los días y lo que no entendíamos consultábamos en el diccionario. Quizás por allí se fue formando en mí este oficio. Además, mi madre me ayudaba en la lectura. Ella me hacía leer en voz alta los trabajos que yo traía de la escuela.
¿Cuándo decidió ser poeta?
No puedo decir que hubo una decisión, me fui formando poco a poco en el camino que tenía que seguir. En el colegio me pasaba haciendo ejercicios de métrica (formación rítmica de un poema) y de rima, para tratar de lograr algún nivel en el manejo de la lengua. Era algo que me nacía hacer.
¿Usted estaba convencido de que quería ser literato?
En la Universidad Católica vine a estudiar Literatura, en Ciencias de la Educación. Antes había tomado la carrera de maestro porque había la relación de trabajar en Literatura y ser docente; he sido profesor de Literatura toda mi vida.
¿Y de niño qué quería ser?
Cuando niño, ser acróbata de circo me parecía maravilloso: moverse en el aire, en los trapecios, pero eso no me ha tocado. Además, temo a las alturas. Viajo en avión porque no tengo otra cosa que hacer.
¿Cómo ve a la literatura en estos días?
Ecuador siempre ha producido muy buena literatura. Hay países como Chile, que tiene importantes autores, pero también los tenemos nosotros. Creo que el Ecuador no tiene lectores formados y pienso que en esto el Estado no ha sido muy favorable. Porque si no hay lectores, no hay productores de literatura. Hay escritores fabulosos en nuestro país, muchos de ellos conocidos afuera.
¿La literatura está de acuerdo con los tiempos actuales?
El arte es un producto que permanece por siglos, no es de la moda, no es de lo que ocurre hoy o mañana. Una obra auténtica se mantiene, tal como pasa con El Quijote, La divina comedia. Hay que decir que la literatura es la expresión de la sensibilidad colectiva en un momento dado de su historia. El autor es un intermediario, le pone sus matices, le da cuerpo lingüístico a lo que cuenta.
Por eso, hoy escribimos, por ejemplo, del respeto al planeta, que es común en todos los países. Este es un tema de hoy que no lo era en la edad media. En este sentido, la obligación de la literatura es ser actual. Claro que también hay gente que dice yo escribo novelas para vender. Entonces, escribo de sexo y violencia, pero ese no es un verdadero autor; será un escritor mercantilista.
¿Nunca ha escrito obras para vender?
Nunca. He tenido suerte de que mis libros se agoten; he ganado premios, pero yo no escribo para vender ni para ganar premios.
¿Es así de radical?
A veces me ha tocado decir cosas de manera radical, sin tapujos. Cuando me han preguntado, por ejemplo, ¿qué tendencia política tiene usted? He dicho: ¿por qué no va a preguntar a su médico, antes de que le operen, qué tendencia política tiene y si el médico dice: soy comunista, que diga: me niego a que me opere y me muero. No tiene sentido; pregúntenme de la poesía, lean lo que he escrito y con eso yo me conformo. ¿No le parece duro eso?
Por supuesto...
Entonces, debo tener gente para la que no soy simpático de ninguna manera.
¿Le gusta cómo es usted?
No, completamente; quisiera ser más en el sentido útil para la sociedad; quisiera tener más tiempo, más energía, más aptitud para poder entregarme a vivir plenamente en sociedad, no hay otro tipo de vida, aunque creo que hay otro que es rezar, como los monjes de los claustros.
Perfil
Julio Pazos Barrera nació en Baños (Tungurahua, en 1944). Es diplomado en Literatura Hispanoamericana, maestro de Lengua y Literatura Española.
Entre los premios que ha obtenido constan: Fundación Conrado Blanco de Madrid (1973), Nacional de Literatura Aurelio Espinosa Pólit (1979), el galardón Casa de las Américas, La Habana (1982) y el premio único Jorge Carrera Andrade, en Quito (1988).