Con la foto de su hijo Pablo Emilio, soldado del Ejército secuestrado por las FARC, pegada en su pecho y con una cadena con la que mantenía atadas sus manos, el profesor Gustavo Moncayo caminaba por el aeropuerto El Dorado, de Bogotá, la noche del 7 de marzo del 2008. Siete horas habían pasado desde que en Santo Domingo, República Dominicana, los presidentes de Ecuador, Rafael Correa, y de Colombia, Álvaro Uribe, tuvieran un enfrentamiento verbal por el ataque colombiano al campamento de Angostura, en suelo ecuatoriano, donde murió el número dos de las FARC, Raúl Reyes.
Este Diario habló con Moncayo en aquel momento crucial: ¿No tienen temor de que la muerte de Reyes haga que la guerrilla reaccione contra los secuestrados? “Pienso que este es un proceso y tiene sus dinámicas... Mientras haya vida y esperanza nosotros seguiremos aferrados a la ilusión de reencontrarnos con nuestros seres queridos”, dijo.
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Esa esperanza, que se mantuvo firme por más de doce años, se cristalizó el pasado martes, cuando las FARC liberaron a Pablo Emilio, uno de las decenas de secuestrados y víctimas del conflicto armado interno de Colombia. Ese día, después de 12 años y 98 días de separación, volvían a la vida el padre, el hijo y sus familiares. El profesor Moncayo también llevaba el martes una camiseta con la foto de su hijo. Y tenía sus manos atadas con cadenas, las que horas después las quitara su vástago, que estuvo en poder de la guerrilla desde el 21 de diciembre de 1997.
Pablo Emilio nació el 26 de febrero de 1978 en el hogar de Gustavo Moncayo y María Estela Cabrera, oriundos de Sandoná, Nariño (fronterizo con Ecuador); es el hermano mayor de Nora Elena, Carol Dayana, Yury Tatiana y Laura Valentina, la más pequeña, que nació cuando Pablo Emilio ya había sido privado de su libertad por la guerrilla y a quien la abrazó por primera vez el martes.
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La familia siempre había tenido pocos recursos económicos. Por eso, Pablo Emilio no pudo ir a la universidad e ingresó al Ejército como suboficial. Su sueño era estudiar electrónica y se alegró cuando lo enviaron a la base de comunicaciones de Patascoy, en los límites entre Nariño y Putumayo, departamentos fronterizos con Ecuador. En esa base hay antenas que retransmiten las señales de las radios militares.
Estuvo tres meses en sus tareas. Hasta que el 21 de diciembre de 1997, él y 33 soldados que estaban en la base fueron sorprendidos por decenas de guerrilleros de las FARC que aparecieron lanzando explosivos. Moncayo y sus compañeros respondieron con fuego y se desarrolló una batalla que duró hasta la madrugada del día siguiente. Pero el arrojo de los militares no pudo más, cuando se les acabaron las municiones. Hasta esa hora, 18 quedaban vivos y estaban en manos de la guerrilla, que los llevó a la selva, como prisioneros de guerra, como canjeables por guerrilleros presos, según las FARC.
Cuando los cadáveres de los caídos en combate llegaban, los familiares de quienes no aparecían se imaginaron que habían sido secuestrados por las FARC. Tres meses después recibieron cartas y fotos como prueba de supervivencia de los sobrevivientes de aquel ataque. En el 2000, las FARC liberaron a 16 de los 18 militares que se habían llevado en esa toma. Quedaron cautivos Moncayo y José Libio Martínez, quien aún permanece secuestrado.
El pasado martes, Pablo Emilio se reencontró con sus familiares, en Florencia, luego de que las FARC lo habían entregado a un grupo de integrantes de la Cruz Roja, del gobierno de Brasil, del Comisionado de Paz, de la Iglesia católica y la senadora Piedad Córdoba.
El militar cayó cautivo como soldado raso. Regresó como sargento, pues el Ejército lo ascendió en ausencia. Durante su cautiverio, muchas cosas habían cambiado en el entorno familiar y social del militar. Calificó como “asombroso” el cambio de todos sus seres queridos. “Sin embargo, siguen siendo aquellos seres amorosos. Siempre me han brindado su apoyo”, decía. Y se refería a los cambios en el mundo. “Todo ha cambiado. La tecnología me deja admirado, lo poco que he visto hasta ahora”, señaló horas después de su liberación.
Pero, sobre todo, Pablo Emilio agradeció la valentía y la lucha de su padre, el profesor Gustavo Moncayo. “Quiero agradecer a mi papá su labor titánica inalcanzable”, dijo al momento de romper las cadenas que desde el 2006 las llevaba atadas a sus manos como una forma sublime de llamar la atención del mundo y pedir que todos oren por la liberación de los secuestrados y por los diálogos de paz entre el gobierno y la guerrilla colombianos.
El maestro en Ciencias Sociales caminó en el 2007, encadenado, 1.500 km por toda Colombia y parte de Venezuela, para sensibilizar a la opinión pública sobre la necesidad de diálogos y hallar una salida al conflicto interno colombiano. Por eso, organizaciones de Derechos Humanos lo denominaron el Caminante por la Paz.
Aquel especialista en enseñanza de la historia logró con su lucha constante un Diplomado en Derechos Humanos. Alcanzó el Premio Nacional de Paz, en el año 2007; Premio de Paz en Alemania, año 2007. También ha sido nombrado alcalde honorífico en ciudades de Francia como Marsella, Egelayes, Cannes y Avoin, entre otras. Siempre recorrió el mundo con la bandera del Acuerdo Humanitario y fue destacado por su participación en el Parlamento Europeo en Bruselas, Bélgica; fue invitado por el Presidente del Parlamento Europeo y Catalán.
Dictó conferencias en universidades de Colombia y Europa; fue recibido en audiencia por el Sumo Pontífice de la Iglesia católica, el papa Benedicto XVI. Con él habló sobre su país y de los secuestrados. Moncayo padre es reconocido por ser crítico de la situación social de Colombia y del conflicto armado que tocó a su familia. “No se trata solo de Pablo Emilio, sino de la búsqueda de una salida política negociada al conflicto”, argumentaba durante sus alocuciones en diversos foros y entrevistas.
El hombre de apariencia frágil y 1,67 metros de estatura, participó como candidato a un escaño en el Senado, por el izquierdista Polo Democrático Alternativo en los comicios del pasado 14 de marzo. Pero no alcanzó la votación suficiente. Su tendencia hizo que se acercara a los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela, y de Ecuador, Rafael Correa, en busca de apoyo político.
Justamente aquel 8 de marzo del 2008, cuando este Diario lo entrevistó en el aeropuerto El Dorado, afirmó que tenía la esperanza de que el presidente Rafael Correa sirva de mediador para la liberación de su hijo. Poco logró, pues por el ataque de Angostura ambos países rompieron relaciones que, ahora, tratan de normalizar.
En aquella ocasión, Moncayo lucía cansado. En sus ojos había un brillo de nostalgia y dudas. Iba a tomar un vuelo hacia Caracas, para intentar hablar con el presidente venezolano Hugo Chávez y pedir que ayude a buscar una salida al tema de los rehenes. También expresó su deseo de visitar Ecuador. “La intención siempre ha sido buscar alternativas, pero lastimosamente lo económico ha sido siempre un problema”, dijo.
Mientras caminaba por la terminal aérea, los viajeros que lo reconocían se solidarizaban con él. Algunos pedían tomarse fotos a su lado o le pedían autógrafos. Él accedía. Decía que era duro sobrellevar una especie de fama cuando cargaba el peso del secuestro de su hijo. Un bolso, del mismo tipo que cargaba el martes, cuando se reencontró con su hijo, y un bastón eran también los artículos que siempre llevaba.
Por el momento, los Moncayo no han comunicado su futuro, aunque anticiparon que les gustaría visitar Ecuador. En estos últimos días solo se dedicaron a disfrutar del reencuentro familiar y de la fiesta que tenían prevista los habitantes de Sandoná, los amigos de toda la vida del hoy sargento y su padre.
Perfiles
Gustavo Moncayo
Edad: Originario de Nariño, 58 años.
Profesión: Docente especializado en Ciencias Sociales.
Familia: Con María Estela Cabrera procreó a Pablo Emilio, Nora Elena, Carol Dayana, Yury Tatiana y Laura Valentina.
Pablo Emilio Moncayo
Edad: 32 años. Nació en Sandoná, Nariño, frontera con Ecuador, el 26 de febrero de 1978.
Profesión
Militar. Hoy es sargento del Ejército, cargo al que fue ascendido mientras estuvo en poder de la guerrilla. Cuando fue secuestrado era suboficial.