Como la comida chatarra y la cantidad ilógica de café diaria que consumía. O como los tres o cuatro paquetes de cigarrillos que se fumaba al día Stieg Larsson. Así es su obra. Un vicio de 2.281 páginas.

El escritor sueco tenía 50 años cuando murió, el 5 de noviembre del 2004. Unos días  antes había entregado la trilogía  Millenium   a su editorial, pero un  ataque al corazón, que lo sorprendió luego de subir los seis pisos que llevaban hasta su oficina,  evitó que   Larsson pudiera   vivir para disfrutar del logro alcanzado por  sus escritos.

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Larsson sabía que tendría éxito, aunque no imaginó cuánto. Una vez le dijo a un amigo:  “Voy a ser el escritor más importante de toda Suecia”. Pues traspasó  largamente esas fronteras. Desde la publicación del primer libro, en el 2008, se han vendido más de 10 millones de ejemplares de Millenium en todo el mundo. Solo en España, donde la editorial Destino está a cargo de la publicación, se prevé terminar el 2009 con 2 millones de copias vendidas.

Además, sus historias han sido llevadas al cine en Suecia (el filme del primer libro es el más visto en la historia del país escandinavo) y Hollywood, con Tarantino a la cabeza quiere hacerse con la historia para dirigir la versión anglosajona.

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Larsson,  activista contra el racismo, la ultraderecha y protector de los derechos de la mujer,  puso su vida en la redacción de los libros. Comenzó a los 47 años, cuando dejó de trabajar en la revista  Expo.  Pasaba 14 o 15 horas frente a  su computadora escribiendo,  creando una historia  policiaca, moderna, idealista  y arrasadora.

En ellos se relata la historia de Lisbeth Salander y Mickael Blomkvist, dos raros y opuestos justicieros  que se unen para tratar de sacar a la luz las injusticias de su país.

La descripción de los  lugares y los detalles de la trama son tan genuinos, que parece  se pudiera caminar por Estocolmo y estar junto a Lisbeth y Mickael en la casita de Hasseder.

Las primeras páginas de  Los hombres que no amaban a las mujeres (el primer tomo), van algo lentas, no parecen prometer demasiado.  Pero de pronto se ve uno  envuelto en una historia divertida, intrépida y misteriosa. Es la típica novela de un caso sin resolver, pero mezclada   con relatos periodísticos, chateo, violencia urbana y relaciones amorosas.   Sus personajes  sorprenden  al no actuar como el común denominador de las personas y poseen un sentido de la  justicia e igualdad raro en estos tiempos, donde  la  corrupción es normal.

Periodista, diseñador e investigador,   Larsson estaba empapado de la historia de su país, lo que le sirvió para añadir detalles verídicos  en sus novelas. Es más, tuvo que cambiar nombres de personajes reales por petición  editorial. Odiaba la injusticia y  en sus libros no cabría ninguna.

El personaje de Mickael Blomkvis, un divorciado,   visto como el álter ego de Larsson, es   lo que muchos hombres  aspiran a ser a los 40 años. Profesional honesto,    guapo y exitoso con las mujeres.

Lisbeth Salander es todo lo contrario. Marcada por una infancia terrible,  Sally  es, según   una entrevista que dio su creador acerca de ella, una versión de Pippi Calzaslargas (personaje de la escritora sueca Astrid Lindgren). “Me pregunté: ¿qué sería de ella hoy? ¿De qué trabajaría de adulta? ¿Cómo la calificarían? ¿Sociópata? Porque tiene una visión muy diferente de la sociedad”, explicó.

Es salvaje y sexual. Tiene 24 años, mide 1,5 m, está llena de tatuajes y  piercings, y parece un niño. Esta  hacker  oscura y misteriosa persona es  quien  se roba la historia. Ella, taciturna y desgarbada,  causa  un gusto inexplicable en el lector.  Lisbeth aturde y fascina  porque es el resultado de una sociedad decadente y dura. Y aun así, su vida constantemente lucha para mejorar a la sociedad, desde su óptica.

A diferencia de lo policiaco del primer tomo,  el segundo libro,  La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina,  es más biográfico.  Lisbeth Salander se transforma en el eje de la historia y se va desmenuzando el porqué de su manera de ser; mientras que el tercero,   La reina en el palacio de las corrientes de aire, es donde estallan las consecuencias de sus problemas de la infancia, mientras se dan otras historias laterales de prostitución y asesinatos. 

Aunque   Millenium   sea de lectura light, no tenga una estructura perfecta y las intrigas sean  bastante fáciles de resolver, los detalles y la cantidad de información hace que la historia  se vuelva dinámica y entretenida. Escritores consagrados  como   José Saramago la han elogiado hasta el cansancio.

“Acabo de pasar unas semanas, con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres  tomos de  Millenium  (...) con la felicidad y la excitación febril con que de niño  leí la serie de Dumas de los Mosqueteros o las novelas de Dickens y de Víctor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página ‘¿y ahora qué, qué va a pasar?’. Repito, sin ninguna vergüenza: fantástica”, dijo el portugués  de la obra.

Sobre el cuarto volumen, de los diez que Larsson pensaba escribir, se dice que su mujer,   Eva Gabrielsson, lo tiene escondido porque no posee los derechos de publicación (ya que nunca se casaron).

Los derechos y todo el dinero que ha generado el sueco han ido a parar a manos de su padre y hermano, y su pareja solo se quedó con el departamento donde vivían. Un amigo del escritor contó que   la próxima historia giraría en torno a las mujeres desaparecidas en Tijuana (México).  
 
Entonces,  no queda más que perderse entre la emoción por saber cómo termina la historia y la desolación que causa el acechante final.  Luego, seguro se encontrará   buscando en la red  un detalle suelto,   un indicio de que la historia sigue. Y extrañará a Mickael, aun más a ella.

Esperará que vuelva. Imaginará que, en alguna ciudad,    Lisbeth Salander  estará cruzando la calle,  desgarbada,  hacker  e irresistible, con  su Powerbook en el bolso, yendo en busca de Mickael Blomkvist para mejorar un poco este mundo.

“Nadie es inocente, solo existen grados de responsabilidad”.
LISBETH SALANDER

“Porque esto no es ninguna de esas malditas novelas de detectives donde todas las piezas tienen que encajar”.
MICKAEL BLOMKVIST