La manivela de esta historia comenzó a girar al compás del Viaje de invierno, de Franz Schubert. En una casa de músicos afincados en Granada. La de la familia de Andrés Neuman. Las letras de esos poemas llevaron a este argentino de 32 años, “tocado por la gracia”, en palabras de Roberto Bolaño, a descubrir al misterioso personaje de la melodía, un nómada sin ganas de norte que solo se detiene frente a un viejo y sedentario organillero. Una anécdota para empezar a cincelar la obra ganadora del Premio Alfaguara de Novela, El viajero del siglo. Un libro raro, sí, pero indispensable para hurgar en el pasado y entender el presente. Un experimento literario escrito, según su autor, en un “castellano de todas partes y ninguna, que es la lengua natural de muchos emigrantes y de su mundo movedizo”.


















