¿Quién no escuchó hablar en aquellos años de los setenta y ochenta, de la taquigrafía de Arnulfo Jaramillo, sufriendo quizás por el aprendizaje de signos, o con su caligrafía Palmer modernizada, o su mecanografía?

Este autor de dichos libros, al igual que cientos de ecuatorianos escritores, compositores, e intelectuales, son perjudicados por el plagio y la piratería, convirtiéndose en víctimas de un sistema indolente porque en nuestro país, las autoridades no hacen nada al respecto y se atenta contra un derecho fundamental de los seres humanos: la propiedad intelectual.

Se sostiene con tino que “el plagio constituye el más grave atentado al derecho de autor, pues en esencia significa desconocer la paternidad del autor, y por consiguiente, la relación que le une con la obra, sustrayéndole a todo conocimiento e ignorándole toda aportación creativa”; pero la pregunta es ¿qué hace la justicia al respecto? ¿Por qué en Ecuador no se respeta la Ley de Propiedad Intelectual? ¿Qué hay que hacer para que en nuestro país se hagan cumplir las leyes para todos?

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Hoy, en el ocaso de una vida digna, mi ilustre abuelo, Arnulfo Jaramillo, autodidacta y formador de más de tres generaciones de estudiantes del área comercial, no llegará a ver que se hizo justicia con su obra plagiada. ¿Cuántas personas morirán antes de que en Ecuador se instaure justicia? La Asamblea, en su tarea de redactar una nueva Constitución, no puede dejar de garantizar el derecho a la propiedad intelectual.

Diana Acosta de Loor,
Guayaquil