En la isla hay una triste historia de incendios que le costaron la vida a varios habitantes del sector, el último durante la Semana Santa. Los pobladores, como en otras ocasiones, formaron cadenas humanas para llevar baldes de agua desde el mar hasta el lugar en llamas, pero poco consiguieron.

Existe un terreno destinado para la construcción del cuartel de bomberos; se contaba también con algunos equipos, que se deterioraron por falta de uso. Hay otros obstáculos, como la falta de agua potable, pero los bomberos de Guayaquil piensan que se podrían instalar un par de bombas para agua salada.

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El verdadero obstáculo entonces es que Puná ha sido tradicionalmente desatendida.

La justicia social necesita de grandes transformaciones estructurales; pero no hay por qué esperar hasta que esos ambiciosos cambios se realicen para atender ciertos pedidos urgentes y justos, como este de los habitantes de Puná.