“Cuando empecé a escribir, parecía algo ridículo el cuento breve”, comenta el narrador mexicano René Avilés Fabila, quien fue uno de los invitados extranjeros del Noveno Encuentro de  Literatura Alfonso Carrasco Vintimilla, que se desarrolló  en Cuenca del 21 al 25 de noviembre pasados.

 Recuerda que la gente veía con ironía a escritores  como Juan José Arreola y que Mario Vargas Llosa decía -con cierta arrogancia, subraya Avilés- que había que construir grandes obras.

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Avilés, nacido en México en 1940, refiere que él ha escrito también novelas,  libros voluminosos, pero confiesa que es en el relato breve de corte fantástico donde mejor se siente. “A mí me gusta vivir dentro del reino de la fantasía, de la imaginación”, anota el autor, quien reparte su vida entre el periodismo cultural, la docencia universitaria, la creación literaria y el trabajo en la fundación que lleva su nombre.

Aclara que la corriente fantástica no es una literatura de evasión, como  la calificó en una época la izquierda intelectual latinoamericana. “Allí también hay mensajes sociales profundos, pero más difíciles de descifrar. El compromiso no es con una persona, sino con el ser humano y  creo que esto es lo más importante”, argumenta.

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Dice que el cuento breve ha ganado adeptos en los últimos tiempos y que hay un boom, en el mundo, de este tipo de libros, porque no llevan al lector de la mano, sino que le sugieren. “El lector termina de construir el texto con su propia imaginación y quizá hasta crear otro texto”, indica. Para edificar su obra, Avilés utiliza seres mitológicos y bíblicos, los mitos tradicionales, como fantasmas y vampiros, pero también las mitologías propias de América Latina: la maya, la azteca, la inca. “De esta manera reconstruyo un mundo del que realmente no tenemos mucha información”, afirma. Dice que en su caso  hay una cierta nostalgia por el paraíso perdido.

Califica  a los encuentros literarios como fundamentales. Dan   la posibilidad de compartir experiencias. “No nos conocemos, medio nos intuimos y hay muchas afinidades. Descubrimos, por ejemplo, que estamos haciendo lo mismo sin saberlo y es el momento de intercambiar información. Los encuentros permiten que uno se entere de qué están haciendo los demás”, señala.  Dice que América es un continente absolutamente incomunicado.

El autor mexicano confiesa desconocer la literatura ecuatoriana, excepto la de autores ya reconocidos, como Jorge Enrique Adoum, Miguel Donoso Pareja, Raúl Pérez Torres, Jorge Dávila y Demetrio Aguilera Malta, a quien lo unió una gran amistad.