Con pantalón vaquero y camisa remangada, el presidente peruano Alejandro Toledo aseguró por enésima vez, en su primera actividad del año en un barrio pobre de Lima, que ahora sí, en el 2004, atenderá los reclamos de los más pobres.
Pero su renovada promesa parece cada vez más difícil de cumplir.
A la mitad de su mandato presidencial que termina en julio del 2006, Toledo enfrenta su peor momento político, con una aprobación a su gestión de sólo 11%, y algunos peruanos dudan ya de la continuidad de su gobierno.
"Toledo es un mentiroso. Nunca creó los trabajos que prometió. Ahora es el momento de pedirle que se vaya porque es débil y no tiene apoyo de nadie", afirmó Julián Espinosa, un carpintero de 46 años, hablando en la puerta de su destartalado taller en Pachacutec, uno de los barrios más pobres de Lima.
Espinosa, quien como los pobres en Perú vive con un dólar al día, según estudios privados, dijo que muchos de sus vecinos planean concretar protestas contra el gobierno en unos meses.
Toledo, quien de niño lustraba zapatos en la calle para ganarse la vida, emergió como líder político en el 2000 al frente de protestas contra el gobierno del entonces presidente Alberto Fujimori, destituido ese mismo año por el Congreso tras detonar un escándalo de corrupción sin precedentes.
Para la mayoría de los peruanos, Toledo no ha cumplido con su ofrecimiento de reducir la pobreza, que afecta a poco más de la mitad de los 27 millones de habitantes de este país, donde el desempleo bordea el diez por ciento de su fuerza laboral.
"Nosotros aguantaremos unos meses más. Pero si no vemos un cambio, queremos que se vaya", dijo Martha Guzmán, una mujer de 40 años que cuidada su casa de madera y caña en Pachacutec.
Frágil, pese buenas cifras
Analistas coinciden en que la impopularidad del presidente Toledo lo hace vulnerable en este pobre país andino, marcado el 2003 por huelgas, protestas sociales y denuncias de corrupción en el entorno del gobierno.
Las protestas obligaron a Toledo a imponer el año pasado el estado de emergencia en algunas zonas del país, enviando a los militares a las calles para cuidar el orden interno.
"Empezamos (este año) con un presidente muy débil, a merced de cualquier problema que puede producir una huelga prolongada. Toledo está caminando al filo de la navaja", dijo el analista y director del diario local Perú.21, Augusto Alvarez.
El contexto no es ajeno en la inestable Latinoamérica, que vio caer en los últimos cuatro años a presidentes en Bolivia, Argentina y Ecuador presionados por protestas sociales.
El enojo popular en Perú contrasta con los buenas cifras macroeconómicas que exhibe Toledo, como la prevista expansión económica de 4,1% el año pasado y de 4,0% para el 2004, entre las tasas más altas de la región.
Además, la bolsa limeña registra una vigorosa recuperación y el riesgo país de Perú está en el nivel histórico más bajo.
Para los trabajadores peruanos, que como muchos apoyaron a Toledo en las calles cuando se enfrentó con Fujimori, el actual mandatario en una gran decepción, debido a que el crecimiento económico del país se basa en sectores que no demandan mucho empleo, como el minero exportador de materias primas.
"Las protestas de los trabajadores claro que van a continuar si el gobierno no corrige sus errores, si Toledo no traduce los logros macroeconómicos en beneficios para los más pobres", dijo el secretario general del mayor sindicato de trabajadores de Perú (CGTP), Juan José Gorriti.
Durmiendo con el enemigo
Los problemas de Toledo no son sólo por sus promesas incumplidas, sino también por su falta de liderazgo, que se refleja en las disputas dentro del gobierno y de su partido Perú Posible, según analistas.
En los últimos dos meses Toledo tuvo que aceptar la renuncia de cuatro ministros, incluida su jefa de gabinete, luego de acusaciones de corrupción. Dos de ellos pertenecen al partido oficialista, de donde llegaron algunas de las denuncias y cuyos dirigentes reclaman más presencia en el gobierno.
"El enemigo de Toledo es el propio presidente Toledo. Muchos de sus problemas nacen en su figura y su entorno", dijo el director de la encuestadora privada CPI, Manuel Saavedra.
Los defensores de Toledo dicen que el presidente es víctima de una campaña patrocinada por "una mafia" enemiga de la democracia, integrada por personas vinculadas al gobierno de Fujimori y su asesor y ex jefe de espías Vladimiro Montesinos.
Montesinos, quien tejió toda una red de corrupción que involucró a militares, políticos, jueces y empresarios, según investigaciones, está preso desde el 2001 en una base naval.
Analistas afirman que si Toledo quiere terminar sin más problemas su mandato, debería borrar su imagen de relajado, mentiroso y poco austero, como lo demostró en las fiestas de Navidad y Año Nuevo, cuando se fue a la playa de vacaciones en medio de críticas por usar un avión militar.
"Ese tipo de cosas irritan a la gente con poco recursos", dijo el director de la encuestadora Apoyo, Alfredo Torres.
Una mayor presión en contra puede sin embargo ser la gran oportunidad para Toledo, opinó por su parte el analista Manuel Torrado, director de la encuestadora local Datum Internacional.
"El se crece cuando el agua le llega al cuello. Este primer semestre es crucial, si Toledo logra saltar la valla, no tendrá problemas para terminar su periodo", afirmó Torrado.















