“La historia trata sobre la fuerza del destino, que es como un tren irrefrenable del cual uno no se puede bajar, te guste o no”. Clint Eastwood justificó así la violencia y la fatalidad que envuelven su nuevo filme, Mystic River, una adaptación del thriller psicológico homónimo de Dennis Lehane, que él elaboró con su irrenunciable corte clásico, donde la trama, los personajes y la cuidada narración se imponen sobre los artificios.

“A los estudios no les interesó en un principio la trama, pues no se trataba de Mystic River Reloaded –aclaró en tono sarcástico el cineasta, refiriéndose a la segunda entrega de Matrix–, sino de cosas serias para adultos. Ya estoy muy viejo para hacer ese tipo de producciones artificiales, o cómics que son los que más dinero producen”.

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El respetado y venerado cineasta norteamericano llegó al reciente Festival de Cannes con ese porte de estrella que lo sigue distinguiendo, acompañado por gran parte de su elenco estelar, un grupo de actores sólidos y talentosos: Tim Robbins, Kevin Bacon y Laura Linney, quienes se declararon satisfechos de su participación en el proyecto.

 “A Sean Penn le fue imposible venir por motivos de agenda”, se apresuró a aclarar Eastwood. “Habría recitado hasta la guía telefónica con tal de trabajar con Clint”, dijo riendo Linney.  “Como iniciativa nuestra incluso seguíamos haciendo lecturas del guión en el set, después de cada día de rodaje, aunque no estuviera presente Clint”, interrumpió Robbins. “Y yo los elegí a todos ellos porque me veía demasiado joven para la película”, bromeó a su lado Eastwood, quien está por cumplir 73 años. Aclaró que en esta ocasión no ejerce de actor, porque “ha sido más descansado estar solo detrás de la cámara. La idea inicial de alternar los dos trabajos era precisamente esa: una suave transición de la interpretación a la dirección.  Con Mystic River lo he conseguido. Pero, ¿retirarme del cine? Lo he pensado durante 30 años, y aquí me tienen. Listo para mucho más”.

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En cuanto a su fugaz rodaje, que duró solo 39 días, afirmó: “Es algo que aprendí de Don Siegel (director de seis películas de Eastwood, entre ellas el clásico Harry el sucio, de 1971). Él siempre me decía: ‘Trato de hacerlo bien a la primera’. Y yo pienso igual. Si habitualmente se hacen quince tomas o más de una misma escena, los actores no trabajan bien en las primeras cinco o seis, porque saben que uno está solo probando y guardan lo mejor para el final. O se agotan. Hay que hacer lo contrario. De esa forma los actores se sienten estimulados”.

Mystic River trata sobre cómo la pérdida de la inocencia y ciertos incidentes en la vida de alguien pueden afectar a
los demás. “Es difícil dejar el fantasma del pasado en el olvido”, indicó el realizador. “Aquí se describe la pesadilla angustiosa de un padre que termina siendo víctima de un amigo, cuyo trauma se origina en un abuso infantil. Superar eso debe ser muy duro y depende de cada individuo”.