Ambos personajes, a través de la literatura, dieron prestigio al pensamiento ecuatoriano.
Alfonso Rumazo González, que nació en Latacunga en marzo de 1903, brilló como diplomático, periodista, investigador y escritor.
Perteneció a las academias americanas y europeas. Fue profesor universitario en Venezuela e incursionó en poesía, novela, ensayo y crítica literaria.
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Ejerció la jefatura de redacción de los periódicos El Relator de Colombia, El Pueblo de Quito y las revistas Élite de Venezuela y Rumbos también de la capital ecuatoriana.
Cumplió funciones diplomáticas en Colombia y Uruguay. Entre sus obras constan Manuela Sáenz, la Libertadora del Libertador; Sucre, gran Mariscal de Ayacucho; Bolívar, Gobernantes del Ecuador, Siluetas líricas de poetas ecuatorianos, Tríptico Bolivariano, entre otros.
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Enrique Noboa Arízaga, cañarense, nació en 1921. Estudió Derecho en las universidades de Cuenca y Quito.
Fue redactor de la revista Comentarios del Momento, director del Museo Municipal de Quito, director nacional del Instituto Ecuatoriano de Crédito Educativo y Becas (IECE), vicepresidente nacional de la Casa de la Cultura, secretario ejecutivo del Convenio Andrés Bello, alcalde de Azogues y subsecretario de Gobierno (1984).
Noboa Arízaga perteneció al grupo de escritores La Generación Madrugada.
En 1963 ganó el primer premio del concurso de poesía Ismael Pérez Pazmiño de EL UNIVERSO.
En su bibliografía constan Epopeya del pueblo mártir, Órbita de la pupila iluminada, Biografía Atlántida, Acuario y su signo, Posadas de otoño, Imagen de la huella y su voz, Ámbito del amor eterno, etcétera.