“Cuentan los salasacas viejos que antes de la llegada de los hombres blancos, cuando los indígenas eran libres y nadie se había apropiado de sus tierras, un cóndor gigantesco habitaba una profunda caverna. Esta quedaba sobre las más altas cimas”. Así empieza la leyenda salasaca, de Tungurahua, El cóndor de la vertiente, de Alfredo Costales, Piedad de Costales y Paulina Movsichoff Zavala.
















