La capital ecuatoriana es cuna de tradiciones y sus colaciones, que cumplen 100 años, halagan el paladar de los quiteños y se resisten a desaparecer, aunque solo un artesano sigue con la elaboración de estos dulces.
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Un quiteño aún elabora estas golosinas en su local. Él heredó el oficio de su abuela.


La capital ecuatoriana es cuna de tradiciones y sus colaciones, que cumplen 100 años, halagan el paladar de los quiteños y se resisten a desaparecer, aunque solo un artesano sigue con la elaboración de estos dulces.
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