La mirada está debajo de la mesa. Cuatro jugadores miran con sigilo el cartón que tienen entre las manos, evitando que el contrincante sepa las cartas que lanzarán sobre la mesa. Solo con las miradas se busca complicidad con el compañero. Es el campeonato mundial de 40, que el viernes pasado se instaló en un hotel capitalino, a propósito de las fiestas de Quito.