Como muchos ecuatorianos, María Aurora Tomalá comenta que viajó a Estados Unidos en busca del “sueño americano”. Corría la década del setenta cuando decidió compartir sus labores cotidianas con el aprendizaje bíblico, fue entonces que el Señor tocó su corazón y se vio frente a una edificación con un rótulo en la parte superior que decía: El Buen Samaritano. Era una visión, cuenta, que se repetía. Años después, ya en los ochenta, esta evangélica, que ahora es pastora, optó por regresar al país y hacer realidad por fe aquella revelación.
















