Mientras se coloca sus gafas y reloj en forma de cubo, con seis lunas, para posar para la foto, va contando acerca de su participación en el Salón de Julio que no le es ajeno desde hace más de una década.

Desde su taller, ubicado en el Comité del Pueblo (norte de Quito), el quiteño Wilson Paccha, de 41 años, ganador por segunda ocasión del primer premio de este concurso, admite que enviaba sin mayor expectativa los trabajos a esta convocatoria. Fue en el 2003 que logró el tercer lugar con la propuesta El Big Brother y el Guayanheim son frijoleros. Y en el 2004 se ubicó en el primer puesto con el cuadro La Rueda de la fortuna. Este trabajo fue de carácter social y tinte político.

Nueve años después ha vuelto a ganar con una pintura que tiene otras pretensiones y otras connotaciones. En Técnicas de seducción de 7’351624 artistas conceptuales el artista expresa su malestar frente a la facilidad con que se legitiman e institucionalizan ciertos ejercicios y prácticas conceptuales, en distintas áreas como la plástica, lírica o el cine.

“Ciertas obras se han vuelto como un boom y son cosas que en Europa o en Nueva York ya pasó hace décadas, pero nosotros es como si fuéramos aldeas, parroquias y la gente joven se deja influir (…) creo que se está hinchando mucho sobre la verdad de la obra”, dice el artista.

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Para Paccha, es paradójico haber ganado en un espacio al que cuestiona. “Cuando supe que fue admitido pensé: chusa pasará algo, porque era una obra estrictamente para sacudir, molestar. Cuando me dicen que gané fue doble mi alegría porque era para hinchar con los mismos recursos de mi pintura a ese aparataje”.

Para expresar este descontento tomó elementos como una fórmula universal “que despierte al lector, al observador más crítico hasta el más sencillo”. Armó una ‘comiquilla’ entre paisaje y desnudo.

La propuesta que se exhibe en el museo Municipal la componen circunferencias de madera en las que constan una fórmula y a un costado pequeño una mujer desnuda.

“En mi práctica cotidiana me gusta lo más tradicional el gesto, la mancha; buscar en el imaginario del día a día; renovarme. Entonces quería asociar esas cosas con cierta simbología que le dio contexto a la obra”, cuenta.

El pintor señala que hay cambio en su obra. Antes tenía una carga sexual erótica y ahora tiene otros intereses y aficiones como escuchar la música reguetón y pasar junto a este género horas de horas pintando.

Por lo pronto, está casi terminando un cuadro con una cabeza gigante que se llamará El hincha, que surgió de una foto suya con una peluca de colores. Ese cuadro es él mismo pero desvirtuado. “Es como una forma de aceptar mi fealdad”, expresa entre risas.