La inseguridad que se vive en el país, en especial en las provincias donde operan las narcobandas, se ha tornado en extremo compleja. A medida que se acentúa el combate a la delincuencia organizada, se generan reacciones que agudizan el problema.

Para conseguir mejores resultados se requieren recursos, una adecuada estrategia, cooperación regional y un marco legal propicio para combatir el crimen, la corrupción y la impunidad.

El Gobierno nacional tenía previsto enviar ayer el proyecto de Ley Orgánica de Seguridad Integral y Fortalecimiento de la Fuerza Pública, que comprende cinco ejes, entre esos el de la defensa legal de los policías con financiamiento del Ministerio de Gobierno. La titular de ese ministerio dijo que el objetivo fundamental es garantizar los mecanismos para que policías y militares coordinen el trabajo sobre los problemas de la seguridad nacional e integral.

Esto ocurre en circunstancias en que los asesinatos relacionados con el narcotráfico se han multiplicado, con recuentos alarmantes, además de registrarse un nivel de osadía inusitado, al punto de que los crímenes se cometen en lugares que antes eran improbables e incluso con ciudadanos indefensos como víctimas colaterales.

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El referido proyecto contiene reformas penales que buscan llenar vacíos que en ocasiones impiden realizar el trabajo a la fuerza pública para proteger a la ciudadanía, como el uso progresivo de la fuerza, además de normas requeridas para garantizar una mejor administración y control efectivo de los centros carcelarios.

Desde la opinión pública se exige, por un lado, que las fuerzas del orden actúen con todos los elementos a su alcance para combatir la delincuencia y el crimen; y, por otro, que en su actuación no se atente contra los derechos de los atacantes. En esa trilogía compuesta por víctimas, defensores y atacantes se debe ponderar el riesgo de cada actor para poder sopesar hacia dónde se debe inclinar la protección. De parte de la Asamblea, para tratar este proyecto de ley, no solo se requerirá agilidad sino, sobre todo, que impere la razón. (O)