En enero del 2020, la Organización Mundial de la Salud declaró la epidemia de COVID-19 como una emergencia de salud pública de preocupación internacional y el 11 de marzo de ese año le dio estatus de pandemia. Los contagios y la letalidad del coronavirus han disminuido, pero aún no hay certeza de haber pasado a la fase de endemia –presencia constante del virus con una propagación relativamente baja–.

La recomendación sigue siendo completar el esquema de vacunación, pues continúan apareciendo nuevas subvariantes y sublinajes del virus, y los brotes de contagio llevan a algunas ciudades del exterior a retomar medidas sanitarias.

El SARS-CoV-2, causante del COVID-19, afecta de diversas formas a las personas. En la actualidad, la mayoría de los contagiados presentan síntomas de intensidad leve o moderada y se recuperan sin necesidad de hospitalización. Pero quienes tienen un sistema inmunológico vulnerable deben seguir siendo cuidadosos para evitar exponerse a situaciones que aumentan las probabilidades de contagio.

A pesar de que en nuestro medio dejó de ser obligatorio el uso de la mascarilla en espacios abiertos y cerrados, un importante segmento de la población la sigue usando por elección. Ciertamente las cifras reflejan que el virus se está volviendo menos mortal, pero no hay forma de estar seguros de que no aparecerá una nueva variante que pueda superar a ómicron y trastocar la cotidianidad nuevamente.

La Organización Panamericana de la Salud ha señalado que ante un periodo de menor transmisión del virus, la tendencia a abandonar el uso de la mascarilla va en aumento en muchos países; sin embargo, pide a estos actuar para aumentar la vigilancia, las medidas de salud pública y la vacunación, y que los sistemas de salud estén preparados ante una eventual afluencia de pacientes. Con cifras del 18 de mayo, se conoce que más de seis millones de ecuatorianos han recibido el primer refuerzo o tercera dosis de la vacuna y solo 275.401 el segundo refuerzo. Se debe insistir en no descuidar la prevención. (O)