En el año 2020 el virus del COVID-19 provocó en Ecuador 23.793 defunciones, entre casos confirmados y sospechosos, según un estudio publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) en junio del 2021. Aunque el mundo tuvo que aprender a lidiar con la enfermedad hasta que llegaron las vacunas que lograron controlar la pandemia, las enfermedades respiratorias son una amenaza en cada cambio de clima, sin que se tomen medidas de prevención mínimas.

En los centros médicos se incrementa la demanda de atención por casos de influenza, sincitial respiratorio, infecciones e incluso coronavirus, pero en las calles las medidas de bioseguridad son escasas, casi nulas.

El lavado frecuente de manos, uso de alcohol y mascarillas que se aprendieron con la llegada del COVID-19 en 2020 y 2021, y funcionan a la perfección para evitar el contagio de enfermedades respiratorias, han quedado en el olvido.

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Son pocas las personas que se observa en oficinas, buses e incluso hospitales utilizando la mascarilla.

En la etapa invernal los ministerios de Salud Pública y Educación deberían reanudar campañas para promover la prevención de virus e infecciones.

La sociedad que vivió la crueldad del COVID-19 debe, por su parte, mantener las medidas de seguridad aprendidas y así proteger su salud y la de los suyos.

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No es descabellado implementar el uso de la mascarilla para ingresar a hospitales y centros de salud, especialmente a áreas de atención de niños, adultos mayores o unidades de cuidados intensivos.

Las enfermedades respiratorias no tratadas a tiempo pueden agravarse e incluso amenazar la vida. No hay gripes simples, todas requieren de atención médica y disciplina en las recomendaciones de los profesionales de la salud.

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En 2020 hubo 41.077 muertes más que en 2019, un aumento sin precedentes, y la principal causa fue el COVID-19 (23.793). Hay que aprender del pasado y proteger la salud. La responsabilidad es de todos. (O)