Desde marzo del 2020 Ecuador empezó a batallar contra la pandemia del COVID-19. Ciertamente, la aparición de nuevas variantes del virus y el cansancio acumulado de los profesionales de la salud, de los sectores productivos y de servicios, así como de la población en general inciden en que aún se ensayen estrategias para contener el repunte de contagios.

Algunas lecciones tendrían que haber aprendido ya las autoridades encargadas de la planificación. Sin embargo, hay desprolijidad en un aspecto trascendental que merece ser gestionado con previsión lógica. Se trata del debido abastecimiento de los hospitales con insumos y equipos médicos para el tratamiento de los enfermos.

Desde hace semanas, en varios hospitales habían hablado, bajo la condición de reserva, algunos profesionales sanitarios, que tratan a pacientes contagiados con el coronavirus, alertando de la demora y escasez de medicamentos e insumos que no permiten proporcionar una adecuada atención a los enfermos graves internados.

También, familiares de pacientes que permanecen en estado crítico se han quejado de que deben adquirir fármacos que no hay en los hospitales.

Esta semana, pacientes del Hospital Carlos Andrade Marín, del Seguro Social en Quito, que han recibido trasplantes de órganos, reclamaron la falta de medicinas para mantener su tratamiento.

Desde la administración de las casas de salud se ha respondido que las compras están en proceso o que por el incremento acelerado y constante de contagios se corre el riesgo de quedar desabastecidos de oxígeno y medicamentos.

Según la actualización más reciente del Ministerio de Salud Pública, entregada ayer por la mañana, en veinticuatro horas se registró un aumento de 2.037 contagios de COVID-19 y 63 decesos relacionados con esa enfermedad.

Estando próximo el relevo administrativo del Estado, es vital que se tomen las previsiones para salvaguardar la vida de los pacientes internados en los hospitales. Cada minuto es crucial. (O)