Las redes sociales constituyen una herramienta de difusión mundial ampliamente utilizada que permite compartir noticias, entretenimiento, comentarios y mensajes, funcionando como medio de propaganda tanto comercial como política. Plataformas como Facebook, Instagram, TikTok, YouTube y Messenger pueden resultar sumamente valiosas si se emplean en beneficio del bien común, ayudando a las sociedades a afrontar los grandes desafíos contemporáneos.

No obstante, su uso indiscriminado también puede acarrear efectos negativos significativos, especialmente cuando no se consideran adecuadamente sus repercusiones sobre los derechos humanos, en particular los de los menores de 16 años. Entre los riesgos destacan el impacto en la salud mental, la tendencia a las adicciones digitales y la protección insuficiente de los datos personales.

En la actualidad, el acceso de los menores de 16 años a redes sociales se ha transformado en un reto relevante para las sociedades modernas. El teléfono móvil, originalmente entregado por motivos de protección parental, permite al 95 % de los adolescentes –incluido un 23,3 % de menores de 10 años– acceder a estas plataformas sin la formación necesaria, identificándose fácilmente y permaneciendo conectados aproximadamente el 46 % de su tiempo. En 2013, este porcentaje era del 61,0 %, y en 2025 asciende al 83,4 % (según Ricardo Otero y José Galán en su estudio Jóvenes en redes sociales: estadísticas clave).

Se preveía que en 2025, el 83,4 % de los adolescentes a nivel global –más de mil millones de individuos– tendrán presencia en al menos una red social importante como YouTube, TikTok o Instagram. De ellos, el 46 % permanecerían casi constantemente conectados, y los jóvenes de entre 13 y 17 años dedicarían en promedio 4,4 horas diarias, aumentando a 5,3 horas en el caso de las mujeres. Este fenómeno es generalizado. En China 140 millones.

El uso excesivo de redes sociales puede generar impactos perjudiciales en la salud mental y física de los menores, afectando su atención, provocando distracciones respecto a sus deberes y originando trastornos psicológicos y patrones de conducta inadecuados. Estos riesgos demuestran que el uso problemático tiene consecuencias transversales sobre el bienestar integral de los adolescentes. Países como España, Francia, Malasia, Noruega, Italia, Bélgica y Países Bajos han implementado restricciones legales para proteger la salud de los adolescentes, limitando el acceso de menores de 16 años a las redes sociales.

En nuestro país, se estima que aproximadamente el 72,44 % de los adolescentes dispone de un teléfono celular con acceso a redes sociales, sin distinción de edad o género, sin embargo, Ecuador limita su uso en las aulas escolares. Excluye su control o regulación estatal el artículo 4 de la Ley de Comunicación.

Estas estadísticas mundiales hacen imprescindible una reforma inmediata a la Ley de Comunicación que limite el uso del teléfono celular y el acceso de los adolescentes a las redes sociales, todo esto con la participación de la sociedad civil. (O)