¿Por qué la presión para el reingreso a las clases presenciales en la educación básica, media y bachillerato en Ecuador? ¿Es realmente necesario hacerlo en este momento? ¿Acaso no es obligación del Estado precautelar por la salud y la vida de sus miembros? ¿No es demasiado forzoso obligar a los padres de familia el elegir entre la educación de sus hijos y su seguridad, su salud y sus vidas? Todas estas son preguntas válidas en este momento.

Podría ocurrir que si los estudiantes se contagian llevarán dicho virus a sus hogares donde hay personas de mayor edad que pueden resultar más susceptibles a la gravedad de la enfermedad. Sabemos que la vacuna no impide el contagio. Sabemos que cada organismo es diferente, y que hay personas que se contagiaron y aún sin estar vacunadas nunca llegaron a tener que hospitalizarse por gravedad. Pero también hubo otras vacunadas que se contagiaron, y nada ni nadie nos puede asegurar si una nueva variante del virus lleve a la gravedad, aun a los vacunados con las dos dosis.

La OMS y médicos ecuatorianos recomiendan cumplir las medidas de bioseguridad debido a la expansión de la nueva variante ómicron en el mundo. ¿Acaso no estamos viendo que en Europa están sufriendo ya el embate de la cuarta ola de infección? ¿Acaso no se han incrementado también los contagios y las hospitalizaciones en nuestro país en Guayaquil y especialmente en Quito? Entonces, ¿por qué arriesgarse? Ojalá que esta no sea una medida política o para favorecer a ciertas instituciones educativas particulares que están perdiendo dinero con la reducción de matriculaciones por el sistema de clase virtual. Ojalá no tengamos que lamentar amargamente esta medida inoportuna y peligrosa; no deberían jugar a los dados con la salud del pueblo. (O)

Carlos Eduardo Idrovo Coppiano, doctor en ciencias, docente, Guayaquil